Joan Hernández Pijuan se formó en la Escola d’Arts i Oficis de la Llotja y la Escola de Belles Arts de Barcelona. En 1957 se trasladó a París, donde estudió grabado y litografía en la École de Beaux-Arts. Si bien en sus inicios se situó cerca de un expresionismo gestual, pronto adoptaría una figuración geométrica dominada por campos de color y por la presencia de objetos solitarios como frutas, copas, huevos o tijeras. El color, tratado con gran elegancia y misticismo, fue siempre uno de los protagonistas de su obra. Sobre fondos lisos y fajas de colores grises y verdes, Hernández Pijuan incorporaba elementos y referencias matemáticas como cuadrículas o cintas métricas.

Las franjas de colores, la gradación tonal, las transparencias, las texturas y las resonancias de luz son elementos propios del trabajo del artista, a los que en los años ochenta se añadieron formas como el perfil de un ciprés, los surcos del arado o la silueta de una hoja, sin abandonar nunca la abstracción. A finales de los ochenta, Hernández Pijuan retomó el informalismo desarrollando una pintura que acabó caracterizándose por el uso de una paleta exclusivamente en blanco y negro. Con una obra atmosférica y de gran austeridad, el artista transforma la pintura en un ejercicio de espiritualidad y contemplación interior. Destaca también su faceta de grabador, con un cuidado trabajo de la trama y del elemento seriado, también monocromático.

Desde su primera exposición individual en el Museu de Mataró en 1955, expuso en espacios de arte de España y del ámbito internacional. Entre las retrospectivas dedicadas al artista, cabe destacar las del Centre Cultural Tecla Sala de L’Hospitalet de Llobregat (1992), Museo Reina Sofía de Madrid (1993), MACBA de Barcelona (2003) y Museo de Arte Moderno de Moscú (2011). Su obra se encuentra en colecciones como las del Palais des Beaux-Arts de Bruselas, Guggenheim Museum de Nueva York, National Gallery de Montreal, Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, Museo Reina Sofía de Madrid y MACBA de Barcelona.

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Pep Agut