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En pleno Raval, en la calle Aurora 11 bis, sigue existiendo el edificio que en su momento albergó el Centre Internacional de Fotografia Barcelona (CIFB). Su fachada, uno de los iconos de la renovación del barrio, luce aún las pinturas de Arranz Bravo y Bartolozzi, restauradas en 1997. El CIFB constituye una experiencia truncada en el proceso de institucionalización de la cultura fotográfica durante la transición española. Estudiar hoy esta experiencia, en buena medida mal conocida y olvidada a pesar de su relativa cercanía, debe entenderse desde una doble perspectiva, local y global.

Por un lado, es un estudio local de un proceso que en los años setenta se estaba produciendo a escala internacional: la recomposición del campo cultural hacia las industrias culturales en el paso a un modelo económico posindustrial. Es el momento en que se evidencia una gran expansión del mercado artístico y la entrada en él de la fotografía como nunca. A partir de los setenta tiene lugar la gran expansión internacional de instituciones, festivales, programas académicos, galerías y publicaciones que crea las condiciones de interrelación de cultura y economía tal como las conocemos hoy.

Por otro lado, se trata de analizar de qué manera las condiciones históricas generales se materializaron específicamente, de forma singular, local y muy concreta, en la cultura fotográfica de Barcelona durante la transición. En este sentido, el estudio permite examinar esa época desde otro prisma y constatar la convivencia de prácticas y tradiciones fotográficas dispares, que desde entonces han tendido a estar separadas. Esa multiplicidad de los setenta perdió terreno ante la concepción visualista de la fotografía creativa, cuya hegemonía empezó a establecerse tras las Jornades Catalanes de Fotografia celebradas en la Fundació Joan Miró en 1980, que constituyen, analizadas retrospectivamente, el ingreso oficial de la fotografía en las nuevas políticas culturales. El CIFB declinó participar en tales Jornades.

El CIFB se inauguró en octubre de 1978 en pleno Barrio Chino barcelonés. Ocupaba un edificio de tres plantas que había sido una antigua fábrica de pastas alimenticias, cuya fachada, tras los trabajos de restauración, fue decorada con un mural realizado por Arranz Bravo y Bartolozzi que representaba cronológicamente un resumen de la historia de la fotografía a través de retratos de algunos de sus autores más célebres, de Daguerre a Robert Frank, y terminaba con algunas celebridades locales como Oriol Maspons y Xavier Miserachs. El director del CIFB, Albert Guspi (1943-1985), había sido fotógrafo de reportaje antes de abrir la primera galería comercial de fotografía de España, la galería Spectrum, inaugurada en 1973 en Barcelona.

Spectrum tenía un programa de exposiciones internacional y combinaba la presentación de fotógrafos históricos con fotógrafos contemporáneos. Rápidamente se convirtió en un lugar de encuentro para la nueva generación de fotógrafos creativos que estaba surgiendo en aquel momento. Guspi, incansable promotor de la nueva cultura fotográfica, creó en 1975 el Grup Taller d'Art Fotogràfic, en el que fotógrafos como Lucho Poirot, Manel Esclusa y Pere Formiguera impartían cursos teóricos y prácticos. Siguiendo el modelo de los Rencontres Internationales de Photographie de Arles, organizó durante el verano de 1976 el Taller Mediterráneo de Fotografía de Cadaqués, que compaginaba exposiciones y talleres impartidos por fotógrafos nacionales e internacionales.

A raíz de los contactos realizados en Arles, Guspi consiguió que Spectrum se incluyera en la red europea de galerías financiadas por Canon. Tras firmar el contrato con Canon, pronto entrevió la posibilidad de crear él a su vez una red de galerías Canon en España que podría beneficiarse de las exposiciones internacionales que se presentaban en Spectrum, entre ellas la muestra de retratos de Richard Avedon o la exposición sobre los fotógrafos de la Farm Security Administration.

El CIFB culminaba la trayectoria de Guspi como promotor visionario en la cultura fotográfica española. Desde su inicio el centro se enmarcó en la tradición de la cultura documental, siguiendo el modelo del International Center of Photography neoyorquino de Cornell Capa, que había sido inaugurado en 1974. Cornell Capa, hermano del mítico Robert Capa, había acuñado el término "fotografía comprometida" para denominar esa gran tradición del fotoperiodismo surgido de los años treinta. En este sentido es significativo que la exposición inaugural del CIFB fuese una gran antológica de Agustí Centelles, un claro gesto programático que contribuyó de modo decisivo a la recuperación de este autor como gran protagonista de la fotografía moderna en España. Igualmente significativo es el primer número de la revista Imatge, publicada por el CIFB, en el que se definían los puntos programáticos que centraron su estructura y sus actividades: la imagen como medio de comunicación social, la enseñanza de la fotografía y la concepción de la imagen como agente constitutivo de la cultura visual y el entorno social.

Las actividades que se desplegaban en el CIFB giraban en torno a cuatro ejes: la docencia, que privilegiaba el trabajo en grupo para documentar aspectos de la vida urbana cotidiana; las exposiciones; las proyecciones de cine y, finalmente, los debates y presentaciones públicas, en los que se invitaba a fotógrafos, en su mayoría locales, a proyectar sus trabajos en forma de audiovisual.

El CIFB marcó una inflexión en la escena fotográfica de finales de los setenta, pero inició un rápido declive cuando Canon suprimió su política de subvenciones a galerías a partir de 1980, aunque otros factores fueron igualmente determinantes. En ese mismo momento estaban emergiendo otros espacios fotográficos en la ciudad, nuevas galerías y escuelas, y la fotografía se incorporaba a los estudios artísticos superiores; también empezó a integrarse en las políticas culturales y se inició así una recuperación del patrimonio fotográfico. En ese contexto, el CIFB fue perdiendo la capacidad de liderazgo que había tenido inicialmente y declinó la colaboración con las administraciones públicas. Cerró en 1983 y Albert Guspi murió inesperadamente en 1985.

La exposición toma como eje el proyecto documental sobre la Barcelona cotidiana y la vida en los barrios, que constituyó la aportación esencial y singular del CIFB. Los trabajos expuestos pertenecen a profesores, algunos alumnos y a fotógrafos próximos al CIFB que participaron activamente en proyectos promovidos desde el centro o en las proyecciones públicas. El conjunto es una representación colectiva de la ciudad traumatizada recién salida de la dictadura, antes de la gran renovación urbana de los ochenta, y de las formas emergentes de resistencia y reconquista del espacio público.

La exposición está estructurada en tres ámbitos y da cuenta de la relativa multiplicidad de planteamientos y formatos expositivos que caracterizaron las actividades del CIFB. El primer ámbito incluye representaciones de los barrios populares y sus habitantes: las zonas en decadencia del Barrio Chino y la Rambla, que constituían el entorno del CIFB, fotografiadas por Anna Boyé, Pep Cunties y Jordi Pol; algunas comunidades marginalizadas como el barrio chabolista de La Perona, documentado por Esteve Lucerón; espacios urbanos periféricos como el puerto y Montjuïc, con reportajes de Xavier Martí Alavedra y Enric Aguilera; el matadero, visto por Pep Cunties; o las zonas autoconstruidas del litoral sur, fotografiadas por Jordi Sarrà. Se incluyen también proyecciones de trabajos presentados en el CIFB por algunos de los propios miembros del equipo docente, como Mariano Zuzunaga, Eduard Olivella, Manel Esclusa y Jordi Sarrà, así como algunos fotógrafos locales que intervinieron en las veladas fotográficas, como Humberto Rivas, Lluís Casals, Manolo Laguillo o Ferran Freixa.

El segundo ámbito está dedicado íntegramente a la proyección de diapositivas sobre el antiguo Hospital Mental de la Santa Creu, realizadas por tres fotógrafos vinculados estrechamente al CIFB –Jesús Atienza, Pep Cunties y Eduardo Subías–, tal como se presentó en 1980 en una proyección pública, acompañada de la música de piano de Mariano Zuzunaga, pianista además de fotógrafo.

El último espacio contiene una selección de trabajos centrados en la representación de espectáculos populares y prácticas carnavalescas, que visibilizan el papel clave que desempeñaron las subculturas –en particular la gay y transexual– y sus formas de resistencia en la emergencia de nuevos comportamientos sociales durante la transición, de cara a la reconquista del espacio público democrático. Aquí aparecen reportajes de Eduardo Subías, Anna Boyé y Jordi Sarrà sobre los entornos del boxeo y la lucha libre; el extenso documento sobre El Molino de Josep Tobella; y dos series de Lucho Poirot y Miquel Arnal sobre, respectivamente, los transexuales en el Carnaval de Sitges y sobre el maquillaje y la preparación de Ocaña durante los carnavales de 1978 y 1979. La sala se cierra con una serie sobre el día a día de un circo realizada por el grupo Extra! (integrado por Sergi Capellas, Jordi García y Xavier Rosselló) en 1980, que fue una de las exposiciones más grandes y ambiciosas del CIFB.

Inauguración: 26 de enero de 2012. Fechas: del 27 de enero al 20 de mayo de 2012.
Comisarios: Jorge Ribalta y Cristina Zelich. Organización y producción: Museu
d'Art Contemporani de Barcelona (MACBA).


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Actividades

Imágenes

Vista de l’exposició Centre Internacional de Fotografia Barcelona (1978-1983) al MACBA (27.1-26.8.2012) ©Raimon Solà
Vista de l’exposició Centre Internacional de Fotografia Barcelona (1978-1983) al MACBA (27.1-26.8.2012) ©Raimon Solà
Vista de l’exposició Centre Internacional de Fotografia Barcelona (1978-1983) al MACBA (27.1-26.8.2012) ©Raimon Solà
Vista de l’exposició Centre Internacional de Fotografia Barcelona (1978-1983) al MACBA (27.1-26.8.2012) ©Raimon Solà

Audios

Visita-debate a la exposición "Centre Internacional de Fotografia Barcelona (1978-1983)"
La historización de los setenta: mesa redonda moderada por Jorge Ribalta y Cristina Zelich
Son[i]a #145
26.01.2012
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23.02.2012

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