Jean-Michel Basquiat. 'Self Portrait' 1986

Un cuerpo situado en medio de la nada. Una cabeza sobredimensionada. Unos dientes serrados a la vista, los cabellos electrizados y los brazos en cruz. Si el autorretrato o la representación del yo es habitual en las obras de Jean-Michel Basquiat, pocas veces logra perfilar su voz revuelta como en esta figura de pigmento oscuro y rojo sanguíneo. La obra de la colección MACBA muestra la línea vibrante y la pincelada intensa con las que este artista americano gritó contra el mundo. “No pienso en el arte cuando trabajo. Intento pensar en la vida”, explicaba el artista en 1986. El grito de Basquiat nos llega hoy con una fuerza renovada.

El oro no se asocia con la suciedad. Y el oro, como los diamantes, es un material ensalzado. Posee tal grado de abstracción que te sitúa, si lo utilizas artísticamente, en un nivel aún más elevado.
James Lee Byars