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La exposición Identidad múltiple reunió una amplia selección de los fondos artísticos del Whitney Museum of American Art de Nueva York, centro que alberga la mayor colección de arte norteamericano del siglo XX. Pudieron verse unas setenta obras de más de cincuenta artistas que daban buena muestra del arte producido en Estados Unidos entre 1975 y 1997, dos decenios de intensa actividad creativa en los que las prácticas artísticas empiezan a manifestar un creciente interés por temáticas sociales, lingüísticas y mediáticas.

En las salas del MACBA, los trabajos de gran formato de Sol Lewitt y Dennis Oppenheim convivían con una espectacular instalación de Jonathan Borofsky, con una de las irónicas esculturas de Jeff Koons y con la obra crítico-social de Barbara Kruger. Las piezas de Lynda Benglis y Ana Mendieta, en su reivindicación de lo orgánico y lo femenino, se complementaban con las pinturas antimilitaristas de Leon Golub y las propuestas minimalistas de Carl Andre. La producción de los años ochenta y noventa quedaba reflejada en obras como las de Sherrie Levine y Martha Rosler, que investigan la relación entre lenguaje e imagen; las de David Hammons y Jean-Michel Basquiat, que exploran la identidad cultural; o las de Mike Kelley y Sue Williams, que se sumergen en la memoria de los conflictos de la infancia.

Me gusta pensar que el artista no es más que un material de otro tipo en la obra, que coopera con los restantes materiales.
Robert Rauschenberg