Más de 3.000 estudiantes de las escuelas públicas se reunieron en el mítico Estadio Azteca de México DF convocados por Melanie Smith, artista nacida en Gran Bretaña pero establecida en Méjico desde los años noventa. Este macroestadio fue inaugurado para los Juegos Olímpicos de 1968. Diez días antes de la apertura de los Juegos, militares y policías asesinaron impunemente estudiantes opositores del gobierno en la conocida masacre de Tlatelolco.

Convocados por Smith, los escolares llevaban cartulinas individuales para componer, desde las gradas y desde el campo, imágenes colectivas, como cuadros de la historia del arte y del imaginario nacionalista mejicano, pero también iconos de la cultura de masas. En las pantallas del estadio, entre anuncios de Coca-Cola, y en recuerdo de la masacre estudiantil, se leía: “La revolución no será televisiva”. Una gran acción colectiva sobre la maleabilidad y artificio tanto en la composición pictórica como en la construcción social de la identidad.

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Uno llega a algo que no se puede pintar.
Dieter Roth