El arte pobre y efímero ha sido una de las constantes de Antoni Llena, desde que fue pionero de esta tendencia en el país, a mitad de los años sesenta. Ya en 1970, refiriéndose a sus obras, como esta Esculturas para llevar en la mano, el crítico de arte Alexandre Cirici escribía: “El año 1968 [...] hacía pequeñas esculturas que eran trozos de papel descolorido, cortado o rasgado y pegado, a veces plegado en forma de escalerilla. Tres de ellas no pasaban de tres o cuatro centímetros de dimensión máxima. Decía que quería hacer un arte pobre, efímero, porque la pobreza era lo que había aprendido en la vida real. Y la debilidad. Estas estatuillas eran monumentos de papel, débiles, para los grandes hombres. El bronce y la piedra son materiales inhumanos que cuestan esfuerzo y dinero, y que aplastan. Un monumento de papel puede ser colocado junto al césped de un parque. Es mejor que el viento o la lluvia se lo lleven. Es más humano.”

OBRAS EN LA COLECCIÓN DE ANTONI LLENA

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Uno llega a algo que no se puede pintar.
Dieter Roth