Fondo de la colección

José Antonio Hernández-Díez 'San Guinefort', 1991

San Guinefort

Fecha:
1991
Tipo obra:
Instalación
Material:
diversos materiales
Medidas:
146 x 200 x 85 cm
Procedencia:
Colección MACBA. Fundación MACBA. Depósito Brondesbury Holdings Ltd.
Registre núm:
2707

En su obra, José Antonio Hernández-Díez incorpora objetos cotidianos y de la cultura urbana y el mundo del deporte. A través de elementos visualmente muy cercanos como unas zapatillas de deporte o unos monopatines, Hernández-Díez dialoga con la desigualdad social, la violencia, el consumismo y la fascinación por la tecnología. Uno de sus otros temas de interés es la contraposición entre religión, superstición y moralidad, que a menudo trata de forma irreverente. Sus instalaciones juegan con el elemento sorpresa creando asociaciones inesperadas, cuestionan significados sociales muy enraizados o evocan juegos de contrarios como muerte y vida, natural y artificial o sagrado y profano. Son obras con un fuerte elemento narrativo que se plantean como un microrrelato.

Entre las obras que juegan con el registro de la vida y la muerte, destaca su instalación San Guinefort, de 1991, que hace una versiona una leyenda surgida en Lyon en el siglo XIII sobre un perro que protegía a los niños. José Antonio Hernández-Díez hizo disecar un perro que había muerto en la calle y lo convirtió en el elemento central de su instalación. Lo coloca dentro de una vitrina de metacrilato como si se tratara de una incubadora o como si fuera una reliquia, a la que introduce cuatro tubos de goma fijados a unos guantes negros, de manera que el espectador, en un gesto entre clínico, científico y mortuorio, puede «manipular» el cadáver del perro. Una manguera conecta la vitrina a una botella de aire comprimido que asegura la conservación del animal. La instalación pone en contraste materiales industriales propios de un laboratorio científico como el oxígeno o los guantes de goma con un elemento natural y orgánico como es un animal. Por otro lado, plantea también una contraposición entre la visión ancestral que confiaba la vida y su duración a la divinidad, con la aséptica contemporánea, que la deja en manos de elementos como bombonas de oxígeno, líquidos isotónicos, guantes de goma y mangueras. El contraste entre lo sagrado y lo profano es evidente. En la primera presentación de la obra en Caracas en 1991, el artista la calificó como «nueva iconografía cristiana».

Entre las otras obras de la Colección MACBA, en Jung el artista superpone cuatro zapatillas de deporte de diferentes modelos y colores que llevan, en su lado lateral, alguna letra como logo de la marca. Colocadas una encima de la otra, se puede leer la palabra «Jung». La obra forma parte de una serie en la que el artista pone zapatillas de deporte una sobre otra –desde las marcas más caras a las más baratas– de manera que verticalmente se pueden leer los nombres de Marx, Kant, Hume o Mao. La referencia a algunos de los teóricos de la cultura moderna a través de un objeto de consumo como es el calzado deportivo pone de manifiesto ese elemento de juego de contrarios que se halla en muchas obras del artista y que le sirve para abrir una batería de interrogantes. ¿Qué papel juegan las marcas en nuestro imaginario? ¿Actúan como referentes universales tal como lo hicieron en su día algunos sistemas de pensamiento? ¿Cómo sería el mundo si construyéramos nuestras identidades partiendo de referentes intelectuales y no de objetos de consumo?

Vehículos perfectos es una de las otras series en las que Hernández-Díez también toma como elemento central un objeto de consumo deportivo: los monopatines. Asociado al mundo de los skaters, el artista los presenta colgados en la pared mostrando la imagen de un rostro que ha pintado en su base. El artista pinta en ellos adolescentes de diferentes razas con el rostro parcialmente cubierto con viseras, gorras o pañuelos, de modo que solo se les ve los ojos. Se trata de personajes de Caracas que en los años noventa a menudo se enfrentaban a la policía en la Universidad Central de esta ciudad. La expresión de los rostros y la selección de los elementos que los cubren transmiten un acusado aire de rebelión y marginalidad. En el caso de la obra del MACBA –Vehículos perfectos (14, 15, 19, 25, 26)–, uno de ellos lleva un cóctel molotov. La obra condensa algunas de las temáticas que interesan al artista, como las diferencias entre culturas, la desigualdad, la represión y el autoritarismo.

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