Fondo de la colección

Jorge Oteiza 'La ola', 1998

La ola

Fecha:
1998
Tipo obra:
Escultura
Material:
Aluminio patinado y pintura de poliuretano
Medidas:
770 x 415 x 340 cm
Procedencia:
Colección MACBA. Fundación MACBA. Donación del artista. Obra realizada con el patrocinio de la familia Rodés.
Registre núm:
1458

Situada de forma permanente sobre el podio que se alza ante la fachada del MACBA, en la Plaça dels Àngels de Barcelona, La ola de Jorge Oteiza se ha convertido en un icono de este edificio construido por el arquitecto Richard Meier. Cuando en 1998, tres años después de su inauguración, Oteiza fue invitado a producir una obra para el Museo, decidió que quería ponerla en diálogo con el estilo arquitectónico de Meier, que él consideraba de un racionalismo cercano a Le Corbusier y con el que se sentía muy afín. En este contexto, decidió producir una gran ola de aluminio negro formada por poliedros y planos oblicuos y hacerla jugar con la alternancia de luz y sombra que crea sobre la obra la fachada del Museo.

La ola, que fue producida en el taller del arquitecto y escultor Pere Casanovas de Mataró, parte de un modelo de bronce de 5 cm de altura realizado por Oteiza en 1957. En esos años, el escultor vasco experimentaba con formatos pequeños y con figuras como cubos y poliedros en los que practicaba incisiones cóncavas y convexas, como sugieren las formas de esta obra. Oteiza quiso recuperar esta maqueta de su taller, donde había quedado almacenada desde que abandonó la producción escultórica en 1959 para dedicarse de pleno a actividades teóricas. En la época en que el artista realizó esta maqueta, buena parte de su producción era de dimensiones muy reducidas; a veces consistía en simples maquetas de cartón o yeso que luego fundía con el mismo tamaño. Cuando, en 1998, decidió trasladar la pieza seleccionada a escala monumental, necesitó cinco maquetas más y una sexta de madera, de tamaño real, para materializar el proyecto. La ola condensa la visión de Oteiza de las olas del mar y su interpretación en clave geométrica.

Mientras supervisaba la instalación de la obra, Oteiza insistió en que se trata de una pieza que «dialoga con la convexidad del Museo». Refiriéndose al juego de sombras que producía la posición del sol y del edificio sobre la obra, también aclaró: «En vasco, la sombra se llama itxal, que significa el poder del ser, no la falta de luz. La sombra es el poder de la luz: cuanta más sombra hay, más presencia luminosa tenemos.» Tanto en su obra escultórica experimental como en sus textos y manifiestos teóricos, Oteiza siempre entendió la escultura como un proceso de búsqueda metafísica y espiritual. «Todo está en la ocupación de los espacios. Puede suceder que la obra absorba el entorno, o viceversa. Yo pretendo ocupar un espacio con armonía.»

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