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"Me fascina el modernismo. Sus principios elementales nacieron de un empeño generalizado de crear una sociedad más igualitaria, a pesar de lo cual estuvo y está dominado políticamente por sistemas opresores, ya se trate del colonialismo a la vieja usanza o del poder económico del neocolonialismo global". Esta declaración de la artista Ângela Ferreira sintetiza a la perfección el espíritu de la exposición Modernologías. Artistas contemporáneos investigan la modernidad y el modernismo.

Ferreira formaba parte del elenco de treinta artistas seleccionados por la comisaria Sabine Breitwieser para el proyecto. En él se analizaba el interés creciente de una nueva generación de creadores contemporáneos por investigar el legado de la modernidad y el modernismo como gran proyecto utópico vinculado al bienestar, la igualdad y el progreso, pero también a ciertos procesos de dominio y opresión colonial.

La exposición estaba estructurada en tres grandes bloques que dialogaban entre sí: la producción del espacio, dedicado al papel de la arquitectura como promesa de transformación social; la aspiración a un lenguaje universal, vinculada a una voluntad de autonomía artística que se plasma en la abstracción; y las políticas del display, como reflexión en torno a los modos en los que se concibe y transmite el hecho expositivo y a la implicación de los artistas en el mismo.

Este proyecto analiza la modernidad como un movimiento sociopolítico muy prometedor que perseguía la creación de un lenguaje universal sobre la base de la industrialización y la tecnología, los principios de los derechos humanos y la democracia, el derecho a la autodeterminación, el principio de la educación para todos, la secularización y la filosofía de la Ilustración, y, sobre todo, a partir del concepto subyacente del progreso y el desarrollo continuo. Por consiguiente, el arte ya no estaba en conexión directa y funcional con los antiguos clientes, la Iglesia y la aristocracia, sino que se entregaba a la ideología de la autonomía. Por lo tanto, como parte de este movimiento, se exigió a los artistas que no sólo describieran la vida moderna de una forma adecuada, sino también con contenidos análogos, con el objetivo de reflejar el utópico potencial de la modernidad, pero también las vertientes destructiva y regresiva de la revolución y la agitación. El modernismo intentaba representar las experiencias y las repercusiones de la modernidad de una forma artística –y al emprender este proyecto, ya se consideraba casi posmoderno.

Estas promesas de un mundo mejor y más bello se enfrentan a las opiniones que problematizan la noción y la categoría de la modernidad, estableciendo una crítica fundamental sobre su retórica y condiciones. Según Walter Mignolo en su creación del «lado oculto y más oscuro» de esta «narrativa europea», los proyectos imperiales occidentales, y especialmente la expansión colonial, no han tomado la modernidad como condición previa, sino que han sido parte constituyente de esta. Jacques Rancière reclama un «régimen estético del arte», cuya «indiferencia» imperante tiene su origen en el principio democrático de una radical exigencia de igualdad. Por su parte, Bruno Latour afirma que nosotros «nunca hemos sido modernos», porque nunca se ha superado la estricta dicotomía de la modernidad entre naturaleza y sociedad.

Es indiscutible que la modernidad es un topos popular de análisis y reflexiones con una naturaleza por lo general controvertida. Asimismo, se han escrito muchas teorías sobre el inicio y el fin de la modernidad, lo que indica un cambio radical en todas las esferas de la vida. Si bien se pueden identificar las primeras formulaciones sobre la «vida moderna» durante el Romanticismo, principalmente en la literatura, es durante la Revolución Francesa, y en la primera exposición pública de un lienzo con motivo del funeral del asesinado Marat en París, cuando son consideradas acontecimientos cruciales en el desarrollo de la modernidad, tanto en términos políticos como estéticos (T. J. Clark). La aparición de los regímenes totalitarios en Europa, en particular de Alemania bajo el régimen nacionalsocialista y el Holocausto, marca el ocaso de la modernidad en un sentido individual, social y también político. El teórico de arquitectura Charles Jencks determinó con gran precisión la fecha exacta de la «muerte de la arquitectura moderna»: el 15 de julio de 1972, a las 15.32 h. En ese momento, los bloques de viviendas Pruitt-Igoe de St. Louis eran dinamitados y con ello se admitía, por así decirlo, el fin de la modernidad, al tiempo que se creaba un espacio literal para el «lenguaje de la posmodernidad». La no sincronización y las diferencias en la definición de modernidad en términos de época moderna, estilo y sociedad, como modelo de producción con relación a lo que hemos aprendido de los estudios poscoloniales, nos llevan últimamente a coincidir a la hora de hablar sobre «muchas modernidades».

Ante el regreso de un pensamiento reaccionario en la sociedad y la política, de una renovada funcionalidad del arte ahora en manos de los estrategas de mercado de los consorcios universales –quienes, con su imperialismo económico, relegan a los países económicamente desfavorecidos a un estado premoderno–, así como del papel predominante que el mercado del arte ha adoptado hoy en día, no parece casual que una joven generación de artistas plasme, cada vez más, en sus obras el legado y las promesas de la modernidad y el modernismo, incluso el fracaso de la utopía, y busque posibles formas de autorrealización.

El objetivo de la exposición «modernologies» es explicar el lugar que ocupa la investigación artística y discutir sobre contribuciones concretas a las temáticas centrales que surgen tras veinte o treinta años de una controversia, intensamente reavivada una y otra vez, sobre la herencia de la modernidad y el modernismo en lo que se refiere al contenido y la forma, y, en cierta manera, sobre la crítica parcialmente sólida a esta categoría y a los contenidos vinculados. Sin embargo, en este proyecto no se habla a favor de un «nuevo formalismo» ni tampoco de una «vuelta a la abstracción». El objetivo no es per se la revelación de «modernismos desconocidos» en países a cuyos protagonistas se les había asignado un papel hasta ahora marginal con referencia a esta temática. Más bien se trata de un ataque fundamental que cuestiona las condiciones y los límites de la modernidad y el modernismo, y revelará nuevas interpretaciones. ¿Cuál es la relación de los artistas con las promesas y las formas de la modernidad y de qué manera puede esta época histórica reflejarse de un modo crítico en las obras de arte o ser sometida incluso a una nueva evaluación? Al mismo tiempo, no debería dejarse a un lado la ambivalencia de esta exposición, que trata paradójicamente sobre un proyecto que, difícilmente como ningún otro, está vinculado a su fracaso.

Modernologías intenta condicionar algunos de los planteamientos centrales de esta investigación artística y se concentra por ello en el presente, con lo cual el punto de partida es siempre la perspectiva de los artistas sobre este tema. En la exposición se pueden contemplar obras de artistas como Armando Andrade Tudela, Anna Artaker, Alice Creischer / Andreas Siekmann, Domènec, Katja Eydel, Ângela Ferreira, Andrea Fraser, Isa Genzken, Dan Graham y Robin Hurst, Tom Holert / Claudia Honecker, Marine Hugonnier, IRWIN, Runa Islam, Klub Zwei (Simone Bader / Jo Schmeiser), John Knight, Labor k3000 (Peter Spillmann / Michael Vögeli / Marion von Osten), Louise Lawler, David Maljkovic, Dorit Margreiter, Gordon Matta-Clark, Gustav Metzger, Christian Philipp Müller, Henrik Olesen, Paulina Olowsa, Falke Pisano, Mathias Poledna, Florian Pumhösl, Martha Rosler, Stephen Willats y Christopher Williams.

Para la exposición se ha presentado una publicación del mismo nombre con múltiples ilustraciones y textos de Sabine Breitwieser, Cornelia Klinger y Walter Mignolo, así como de los artistas a los que darán voz con breves entrevistas dirigidas por Sabine Breitwieser y André Rottmann.

Comisaria: Sabine Breitwieser
Producción: Museu d'Art Contemporani de Barcelona (MACBA)

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Itinerancias

13 FEB. - 05 ABR. 2010 Museum of Modern Art, Warsaw


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Son[i]a #87
01.10.2009

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Me gusta pensar que el artista no es más que un material de otro tipo en la obra, que coopera con los restantes materiales.
Robert Rauschenberg