Fondo de la colección

Joaquim Jordà 'Numax Presenta...', 1980

Numax Presenta...

Fecha:
1980
Tipo obra:
Grabación audiovisual
Material:
Vídeo monocanal, b/n y color, sonido, 105 min
Procedencia:
Colección MACBA. Fundación MACBA
Registre núm:
2779

En 1979 Joaquim Jordà filmó un documental sobre los trabajadores de la fábrica de electrodomésticos Numax que durante dos años, desde 1977 hasta 1979, ocuparon y autogestionaron la fábrica como respuesta y protesta frente al intento de cierre irregular por parte de los propietarios, dos alemanes que habían apoyado al nazismo y que se habían refugiado en Barcelona desde los años cincuenta.

Numax presenta... se convirtió en un testimonio de la transición a una democracia que traicionó las aspiraciones de cambio social por parte de la clase obrera. La historia de la resistencia en la fábrica Numax es la de un movimiento obrero que tras la muerte de Franco aspiraba a una transformación del sistema político y social. El documental se realizó por voluntad de la propia Asamblea de Trabajadores de Numax que, ya casi al final de su existencia, decidió invertir las últimas 600.000 pesetas de que disponían como colectivo en la grabación del proceso que habían protagonizado entre todos.

Veinte años más tarde, en 2004, Jordà se reencontró con algunos de aquellos trabajadores para realizar un nuevo documental, Veinte años no es nada, que revisita las vidas de algunas de las personas que habían formado parte de aquel episodio de lucha obrera.

Joaquim Jordà entrevistado por Carles Guerra, septiembre 2004

P: ¿Cómo podemos explicar tu película Veinte años no es nada (2004), que hace referencia a otra de hace veinticinco años, Numax presenta (1979)? Numax presenta está producida desde unos esquemas de cine militante. ¿Qué significaba eso entonces?

R: Aquí había poco cine militante. Si lo había, lo producían estructuras próximas a CCOO y al PSUC. Era un cine aleccionador, optimista y triunfalista. Cantaba las glorias de la lucha y los finales victoriosos. Por el contrario, Numax presenta no se consideró una película optimista; aunque yo creo que sí lo era, porque en Numax todos los personajes acaban liberándose de una condición proletaria que no habían asumido por voluntad propia. Así es como esta película se ganó el rechazo de los sindicatos, de CCOO y de partidos como el PSUC. Recuerdo la única proyección que se realizó un primero de mayo. Fue toda la gente de Numax y del movimiento. Al final hubo un debate muy polémico, con protestas de trabajadores de Numax, especialmente los vinculados al trostkismo. No dijeron que la película denigrara a la clase obrera, pero les pareció que la exaltaba poco. Les pareció derrotista. Recuerdo a una de las chicas que sale en la película, que de nuevo es protagonista de la segunda parte, y que pertenecía a la estructura de la LCR. Dijo una frase que se decía por aquel entonces: “Con las tripas de un burócrata te ahorcaremos”. Una frase retórica, desde luego, que no tenía ninguna intención real, pero que me acusaba. Al mismo tiempo, Numax presenta recibió la adhesión de otros sectores más realistas. Puede decirse que la película se realizó en un ambiente militante, con una estructura militante, pero sin individuos que militasen.

P: Era muy distinta de las de Helena Lumbreras cuando colaboraba con el Colectivo Cine de Clase.

R: El suyo era un cine apoteósico que potenciaba la heroicidad. Tenía dos raíces: una caricatura del cine soviético de los años veinte, formalmente muy diferente, pero imitando su espíritu, y unas gotas de cine italiano menos crítico. Numax presenta no tenía un final de apoteosis. Por el contrario pasaba de la euforia inicial al relato de una desistencia. Primero los trabajadores parten de un objetivo: intentan mantener el poder obrero dentro de la fábrica, hasta que se impone una segunda reflexión al final: abandonamos ese simulacro de poder y vamos a la vida.

P: Numax presenta muestra una asamblea tras otra, pero justo el final, la fiesta que celebra el cierre de la fábrica, es el momento más lúcido de todos.

R: Es el instante en el que la gente deja de interpretar el papel de ocupantes de una fábrica autogestionada. Al recuperar el ocio vuelve la capacidad de pensar individualmente. Dejan de pensar como un colectivo. Abandonan el papel que han desempeñado durante dos años como personas y durante diez días como actores en una película en la que todos se han expresado como portavoces de una colectividad. Aquella fiesta constituía la posibilidad de preparar el paso a otro proyecto. Ahora bien, ignoraba cuánto tiempo era necesario para que ese futuro tomara cuerpo y no fuera una mera continuación. Me parece que en 1986, 1987 o 1988, cuando vivía en Madrid, ya planteé a TVE la posibilidad de una segunda parte para esta película. Existía un programa basado en el docudrama, que se titulaba Vivir cada día. La idea funcionó, pero a medida que se concretaba me pusieron coacciones. No acepté y rompí los tratos.

P: Han pasado veinticinco años entre una película y la otra. Es como si el tiempo hubiera hecho el trabajo. Ha tenido lugar una revolución silenciosa, si puede llamarse así, durante la que ha cambiado la idea de lo que es trabajar en una fábrica.

R: Ellos eran una vanguardia dentro del movimiento obrero. Después lo han sido, tal vez, de una forma menos consciente, más discreta y más individualizada. Una vanguardia en la transformación de este movimiento obrero hasta llegar a su desaparición, hasta crear otro tipo de cosa que aún no tiene nombre y quizá no lo precise.

P: La intención, al retomar Numax, ¿era revisar la historia de la transición democrática española?

R: En el proyecto original había una segunda parte de rodaje, entrevistas con los protagonistas de la transición política con “p” mayúscula. Por suerte se negaron, con lo que creo que el tema de la transición está, pero no a partir de versiones oficiosas, sino visto a través de las vivencias de los protagonistas de Numax.

P: La primera Numax ya constituye un testimonio de la transición. Ahora miramos aquella película con un nuevo interés porque muestra los cambios políticos a través del lenguaje de unos trabajadores con poca educación política.

R: Mejor dicho, con pocos disfraces políticos y con una retórica que inventaban todos los días, que no les venía de la lectura de una octavilla o de una publicación de partido. Numax es una historia en la que están abandonados y entran en contradicción con las fuerzas políticas convencionales de la transición, aunque sean de la oposición.

P: En estas dos películas el proyecto político va muy ligado al hecho de alcanzar una forma deseable de vivir, y no únicamente a una cuestión de justicia social.

R: Un sector de esos personajes viene de la Autonomía Obrera, que también era un proyecto de vida, de transformación tanto política como individual. Esta era la riqueza de aquel movimiento. Muchos de los personajes de Numax presenta tienen un deseo y lo expresan. Por ello resultaba básico, al inicio de una segunda parte, hacer explícitos los deseos. Me daba miedo que esta película fuera tristísima, una secuencia de fracasos. Porque podrían haber hecho lo que hubieran querido, pero después de muchos sacrificios. A medida que iba reencontrando a los personajes me di cuenta de que eso no era así. Al contrario.

P: Al cabo del tiempo, los objetivos conseguidos por aquellos trabajadores parecen más bien discretos.

R: ¡No son objetivos discretos! Son discretos desde el punto de vista económico, pero desde el punto de vista vital son de una opulencia enorme.

P: Tanto Numax presenta como esta última son películas en las que prescindes de tener un estilo como cineasta.

R: No existe un estilo en la imagen, está en la narración. No tengo estilo de imagen y no he querido tenerlo nunca, porque no miro por el objetivo. Me fío del operador. En Numax presenta el operador fue Jaume Perecaula, y en Veinte años no es nada ha sido Carles Gusi. Yo no estoy detrás de la cámara, sino que participo en la construcción de la situación, la provoco. Me preocupo más de la mise en place de la escena, me quedo al otro lado.

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