Ojos, espirales y dianas. Las formas circulares son una constante en la pintura de Charo Pradas, sobre todo en los cuadros de los años noventa. Cuando se le pregunta por su pintura concéntrica, la artista explica que ya no pinta en vertical y que, para ella, la pintura es un proceso muy físico, más cercano a la sensación y la reacción que a la idea y el plan preconcebido. Como resultado de una forma de trabajar tan física, Pradas crea un territorio pictórico en eclosión constante y a menudo próximo al lenguaje pop. Parece que la conocida hipótesis del matemático francés Henri Poincaré sobre la esfera cuatridimensional estaría tras las figuras circulares de esta artista que irrumpió en el panorama artístico español en los ochenta. Pero, más que con una aproximación teórica, a la pintura de Pradas hay que abordarla desde la vida. Más que gestos erráticos, su pintura parece convocar mundos oníricos, universos mecánicos y movimientos cósmicos. Una abstracción gestual de gran fuerza plástica.
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