Fondo de la colección

Alexander Calder 'Sense títol', 1931

Sense títol

Sin título

Fecha:
1931
Tipo obra:
Escultura
Material:
Madera, hierro, alambre y pintura
Medidas:
180 x 87 x 151 cm
Procedencia:
Colección MACBA. Fundación MACBA
Registre núm:
0021

Estas dos esculturas móviles de Alexander Calder fueron donadas por el artista al arquitecto catalán Germán Rodríguez Arias (1902-1987), uno de los introductores del racionalismo arquitectónico en Cataluña, miembro fundador del GATCPAC y amigo del arquitecto Josep Lluís Sert. Fue Sert quien le presentó a Calder a Rodríguez Arias en 1932 a su paso por Barcelona, invitado por Joan Miró. Rodríguez Arias las donó a la ciudad en julio de 1988. No se habían expuesto nunca. La primera vez que se mostraron público fue en el año 1990 en la muestra Homenaje al racionalismo, organizada por la tienda de muebles Manbar, Moble Internacional, en su establecimiento de la Vía Augusta de Barcelona, número 61, con motivo de la restauración del edificio. Se trata de un edificio racionalista obra de Germán Rodríguez Arias en el que vivía el arquitecto y donde se alojó Calder cuando, al principios de 1933, realizó su segunda estadía en Barcelona.

Las obras forman parte de un momento muy significativo en la evolución creativa de Alexander Calder. Este había llegado a París en 1926 y había conocido la vanguardia europea a través de amistades que fueron ser decisivas como las de Marcel Duchamp, Jean Arp y Joan Miró, con quien compartió afinidad creativa y de carácter. Una de las influencias más destacadas en la nueva abstracción volumétrica creada por Calder fue su visita al estudio de Piet Mondrian en octubre de 1930. Meses después, creaba su primera escultura móvil. En 1932, Calder presentaba por primera vez sus mobiles, como los llamó Duchamp. Más tarde, Arp denominaba stabiles a las obras de Calder que descansan en el suelo. En unas y otras, Calder fue afinando los materiales hasta reducirlos a puro signo trazado en el aire.

Las dos obras de la Colección MACBA fueron producidas en 1931, momento de madurez creativa de Calder. En la primera, la esfericidad se crea al cruzar dos circunferencias de color rojo y una bola negra en el lado opuesto. Calder suspende estos elementos como si no pesasen y los enmarca dentro de un gran aro. El resto de la obra, o sea, la base, pasa a ser tan solo un soporte que el artista aún necesita en su camino hacia la ingravidez y la desmaterialización. En la otra escultura, que reposa en el suelo a través de un volumen triangular de alambre, la inmaterialidad se consigue a través del equilibrio de unas bolas de madera pintadas. En uno y otro caso, aun siendo stabiles que se asientan en el suelo, el juego de movimiento y equilibrio resulta tanto o más significativo que en otras obras móviles conocidas del artista.

En esos años, Calder había quedado fascinado con las nuevas teorías del sistema solar. Trabajaba con la idea de constelaciones y estrellas en fuga, de grandes sistemas celestes con pequeños desplazamientos planetarios en apariencia aleatorios pero sometidos a reglas estrictas. Un marco conceptual que le permitió configurar un universo creativo con elementos esféricos mínimos que giran a la manera de los planetas. Como en el universo, el equilibrio del conjunto prevalece por encima de los elementos. Como en el modelo real, las reglas ocultas mantienen la coherencia del sistema.

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