Recorrido 5 × 5 (parte 2)
Una vez más, compartimos las voces de quienes han colaborado, de una u otra forma, en la creación de nuestras publicaciones: el comisario y escritor Martí Peran, el estudio de diseño gráfico Hermanos Berenguer, el fotógrafo Aleix Plademunt, el artista Enric Farrés Duran y la estudiante en prácticas del Departamento de Publicaciones Sarah Coronado. Cada cual, desde su ámbito, nos explica qué cinco publicaciones del MACBA elegiría. Hemos querido conocer sus motivos, y estas son sus respuestas. ¡Feliz Sant Jordi!
Hemos seleccionado estas publicaciones por decisiones de diseño que consideramos relevantes. Valoramos el trabajo de los artistas, editores y diseñadores que las han hecho posibles. Nos interesa la exploración de nuevas formas de codificación y soluciones gráficas que aporten personalidad, haciendo que cada proyecto sea único. Destacamos cómo estas obras logran un equilibrio entre creatividad y respeto por el contenido, permitiendo que la estética potencie el mensaje sin restarle protagonismo. Lothar Baumgarten. Autofocus retina. El sistema de codificación para numerar las páginas y referenciar las imágenes introduce una lógica propia, que va más allá de lo funcional. Este recurso no solo organiza, sino que construye un lenguaje visual que refuerza el concepto de la obra. Un teatro sin teatro. La estructura de la doble página propone una lectura desdoblada: la izquierda se organiza en horizontal, mientras que la derecha adopta una orientación vertical. Esta alternancia, mantenida a lo largo del libro, rompe con la linealidad habitual y genera una tensión visual que activa la participación del lector, evocando la escenografía fragmentada y múltiple del concepto expositivo. Rodney Graham. A través del bosque. La estructura propone una lectura secuencial muy cuidada. Los textos se concentran en las páginas izquierdas, mientras que las derechas están reservadas a imágenes limpias, sin interferencias. Esta disposición genera un ritmo visual que recuerda al movimiento de un flipbook, reforzando la idea de recorrido y contemplación pausada. John Baldessari. Pura belleza. Cada obra se adapta a la página sin importar su escala, generando blancos muy interesantes que aportan ritmo al conjunto. Con la probabilidad de ser visto. Nos resulta especialmente sugerente cómo se resuelve la sección de la colección. La lista de obras se presenta a modo de portadilla, creando un índice visualmente atractivo y acorde con el carácter de la obra.
La distancia formal y conceptual entre las cinco publicaciones es alargada; de algunas destaco su contenido artístico; de otras, su propuesta de diseño o bien su diseño y su contenido a la vez —que dejan de ser catálogo para ser libro—; de otras, su función de ordenación, de archivo, de inventario de trabajo; de otras, la combinación de todo ello. Un total de 1.355 páginas que me genera respeto pensar que resumen vidas, innumerables horas de trabajo, trayectorias de décadas de oficio. Ciertamente, el espacio y el tiempo son dos constantes independientes.
Enumero por fecha de publicación y adjunto una cita sacada de cada una, a modo de nota, o simplemente como dedo que señala una página marcada: Perejaume. Dejar de hacer una exposición. «En más de una ocasión, mientras caminaba por algún lugar, he llegado a ver, en un zarzal que allí crecía, una maravillosa rúbrica. Ese conjunto de trazos, flotantes y enredados, era tal vez la manera que tenía, lo natural, de firmar todo aquello donde se exponía, con nombres diversos, en cada margen, de una grafía agavillada y devanada. No en vano, desbrozar un bosque o un claro consiste, ante todo, en sacarle zarzas, zarzaparrillas y espinos, y dejar los árboles y la tierra limpios de aquel grafismo con el que todo terreno se expresa, se protege y se ensombrece.» Ignasi Aballí. 0-24 h. «…existe algo extraño, y es que, si la palabra muestra la cosa, no muestra tanto la cosa como la ausencia de la cosa. Utilizar una palabra es ponerse en presencia de la ausencia de la cosa que esta nombra.» Gérard Wajcman. Memoria, visión, espera. Xavier Ribas. Nitrato. «No es una anomalía histórica que existan 13.058 negativos fotográficos del planeta Marte tomados desde la Oficina Alianza, entre el 20 de junio y el 31 de julio de 1907, y no exista ninguno de la matanza de cientos de trabajadores del salitre en la Escuela Santa María de Iquique, el 21 de diciembre de ese mismo año. Tampoco es una inexactitud histórica que no se sepa cuántos hombres y mujeres, exactamente, fueron muertos a tiros ese día.» Terresa Lanceta. Tejer como código abierto. «La vida es un poco esto: mirar fijamente algo que casi no ves.» Jordi Colomer. Façana Foto Festa Futur Fideus.
«Necesitamos hoy,
nuevas relaciones,
nuevos usos:
en otras palabras,
necesitamos hoy:
nuevos acontecimientos,
nuevas invenciones,
nuevas acciones,
nuevas actividades,
nuevos experimentos,
nuevas intervenciones,
nuevas infiltraciones,
nuevas ceremonias,
nuevas situaciones,
nuevos episodios,
nuevas catástrofes.»
Cada día, antes de ir a dormir, dibujamos —de memoria— el lomo de un libro en una caja de cartón. Es bien sabido que todo desaparecerá. Hace días que oigo que las cosas no quedan, que sabemos de su existencia porque alguien las anotó en algún lado. Y este registro hace que se mantengan, que tengamos constancia de que algún día existieron. Como en la guenizá de El Cairo, donde dicen que se encontró el listado de todos los libros que contenía la biblioteca de Alejandría, siendo este papel el desencadenante de la idea de la biblioteca, una vez incendiada. Marta me escribe para que escriba un texto en torno a cinco libros editados por el MACBA a lo largo de su historia, y yo solo puedo pensar: ¿por qué hacen libros esa gente? ¿Qué interés tienen? Hace dos meses hicimos una mudanza; el 78% de las cajas son libros, y aún no hemos abierto ninguna. Los imaginamos cada noche. No me acuerdo de los libros que hay en las cajas y a la vez los echo de menos. «Todo pasa y el libro se queda», me dijeron un día en el departamento de Publicaciones del MACBA (como diciendo: «presta atención y estate atento, con el tema de los libros los errores son, por lo menos, un poco más permanentes»). Las exposiciones van y no vuelven. Se quedan en el recuerdo y en los libros. Para hacer un poco de memoria, le pido a Marta el listado completo de los libros editados. Cagada. En cada página del PDF aparecen dos libros. Página tras página y libro tras libro, voy recordando cada una de las exposiciones visitadas. Nostalgia. Algunos de ellos se encuentran delante de mí, dentro de las cajas de cartón. Elegir cinco es raro. De repente, en la página 13 —número siempre bajo sospecha— aparece la sincronicidad: un poemario del amigo Gabriel Ventura comparte página con Apariciones, un libro realizado con Clara, Mela y los de Todojunto. Preparar este libro comportó revisar todos los libros; un poco como ahora, pero sin la necesidad de elegir. Mientras me ducho, pienso en los libros y el texto, y me digo a mí mismo: «elegiré los libros malos, los libros deseados, los pendientes, los libros que recuerdo, los que tienen buena pinta, los enigmáticos, los que me han permitido aprender algo, los decepcionantes, los que no resistieron la mudanza». En el fondo, se me hace raro recomendar. Con solo pensarlo, ya puedo prever sus efectos, mil veces comprobados: algo muy valioso, al recomendarlo, se empobrece un poco. El entusiasmo propio, el encaje en el momento preciso, el hallazgo, es imposible de trasladar al otro. También siento que este gustar o este valor hoy es una cosa y mañana tal vez será otra —nueva categoría de elección: los que ya no me gustan—, y el valor se va y el texto se queda. Tal vez la magia es precisamente esta fluctuación, el libro como máquina generadora de vínculos (desde lo imaginado hasta la quema). Un ejemplo: en el despacho de la directora, hace dos semanas, los Bendita Gloria me enseñaron el libro de Miralda Madeinusa (a priori, no de mi interés directo), que resultó ser una preciosa e increíble publicación. Decidimos no devolverlo a la estantería y dejarlo sobre la mesa por si alguien lo encontraba, sin expectativa. Vuelvo a revisar el PDF de Marta, cierro los ojos y pienso: «te han pedido cinco libros, no puede ser tan difícil». Llego dos días y 1.242 caracteres tarde. OK, voy a lo seguro. Recuerdo el libro de Ignasi de cuando expuso en el museo, en la portada alguien pintando el reflejo de un espejo con típex. ¿Cómo? No aparece en el PDF de Marta. Pero si me acuerdo perfectamente, de ese libro. Se me pasa por la cabeza abrir las cajas y empezar a buscarlo como un loco. No me atrevo. ¿Te imaginas que este libro no haya existido nunca? Vuelvo a revisar el documento. Nada. De repente, este PDF, este inventario de libros, es de mi máximo interés —¿será la mejor edición que han producido nunca en el museo?—, no por lo que contiene, sino por lo que no está, por lo que estará.