Una sola exposición bastó para darle fama mundial. ¿El espacio? Un pasadizo de diez metros de largo y tres de ancho ubicado en Düsseldorf. Todo empezó con Carl Andre, al que siguió una larga lista de grandes artistas que convirtieron esos treinta metros cuadrados en un desafío y un trampolín. Pronto se transformó en un laboratorio de ideas brillantes que irradió por toda Europa hasta llegar a Estados Unidos. El catálogo muestra la colección que creó el artista, galerista y comisario Konrad Fischer, con la colaboración de su mujer Dorothee.
Con la probabilidad de ser visto. Dorothee y Konrad Fischer: Archivos de una actitud
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