Joan Rabascall
Atomic Kiss
Beso atómico
1968
Desde que Joan Rabascall se instaló en París, a principios de los años sesenta, centró su obra en un estudio crítico de los mecanismos, límites y posibilidades de los medios de comunicación. Primero con collages; más adelante, con emulsiones fotográficas sobre tela y con impresiones sobre metal; y en los años ochenta, con esculturas e instalaciones, Rabascall ha utilizado el lenguaje visual y textual de los medios de comunicación precisamente para mostrar la perversidad de los mismos. Como ha señalado el crítico de arte francés Pierre Restany, buen conocedor de la trayectoria creativa del artista, Rabascall practica un singular découpage de la mirada encuadrando mensajes mediáticos al servicio de una nueva narrativa.
Su técnica del collage interroga la esencia de la construcción de imágenes y ofrece una relectura de las imágenes ya existentes subvirtiendo su significado. En muchas de sus obras, el artista cambia el contexto de una imagen para alterar su uso. En otros casos, sencillamente la reencuadra o la pone en diálogo con otras imágenes. De esta forma, a través de una mínima y sutil alteración, es capaz de mostrar el elemento ideológico que subyace tras la construcción social de la imagen.
A finales de la década de los sesenta, Rabascall empieza a utilizar la técnica del fotomontaje y la emulsión fotográfica sobre tela partiendo de recortes de revistas y de periódicos, y también de carteles publicitarios. El propio artista comenta: «Mi inspiración eran los medios de comunicación de masas de ese momento. [...] Periódicos, revistas y anuncios constituían mi material primario. Poniendo imágenes extraídas de distintas publicaciones una al lado de otra, imágenes que nunca deberían ponerse juntas, conseguía yuxtaposiciones inesperadas, nuevos discursos. Era como jugar a “encontrar imágenes”.» (Joan Rasbascall entrevistado a raíz de su participación en la exposición The World Goes Pop, Tate Modern, Londres, 2015)
Atomic Kiss es uno de sus trabajos emblemáticos de esa época. El artista combina dos imágenes icónicas en el imaginario social de Occidente: un pintalabios de color rojo perfila una boca femenina que evoca el mito sensual de la mujer de Hollywood; al fondo, como si saliese de la boca de la mujer, se ve la silueta de la seta atómica, una referencia directa a las bombas de Hiroshima y Nagasaki del final de la Segunda Guerra Mundial. La superposición de ambas imágenes vehicula, de un modo muy eficaz, un doble mensaje. Por una parte, en el contexto sociopolítico de finales de la década de los sesenta, Atomic Kiss –una obra realizada en 1968– describe las ambigüedades de la sociedad de consumo norteamericana, que ocultaba un poder militar destructivo y masivo tras el cine más glamuroso. Como indicaba el propio Rabascall, «Atomic Kiss refleja lo que fue el año 1968, el año de las protestas de estudiantes desde Berkeley hasta Berlín, vía París. La oposición a la guerra de Vietnam, la amenaza de una posible guerra nuclear...» (Entrevista citada anteriormente, 2015). Por otra parte, y en una lectura más sutil, Rabascall reflexiona sobre el nefasto poder de los medios de comunicación, aludiendo al bombardeo de imágenes invasivo y masivo al que estamos sometidos.
«Porque la finalidad de estas obras no es dar miedo; hay que mostrar la escritura del desastre. Somos analfabetos de la catástrofe. Se necesaria una legibilidad para intentar comprender.» (Arbulú citando a Paul Virilio, Lo que viene, p. 9; en Claudia Arbulú Soto: Los catalanes de París: un análisis estético. Madrid: Dykinson, 2016, p. 94)
Su técnica del collage interroga la esencia de la construcción de imágenes y ofrece una relectura de las imágenes ya existentes subvirtiendo su significado. En muchas de sus obras, el artista cambia el contexto de una imagen para alterar su uso. En otros casos, sencillamente la reencuadra o la pone en diálogo con otras imágenes. De esta forma, a través de una mínima y sutil alteración, es capaz de mostrar el elemento ideológico que subyace tras la construcción social de la imagen.
A finales de la década de los sesenta, Rabascall empieza a utilizar la técnica del fotomontaje y la emulsión fotográfica sobre tela partiendo de recortes de revistas y de periódicos, y también de carteles publicitarios. El propio artista comenta: «Mi inspiración eran los medios de comunicación de masas de ese momento. [...] Periódicos, revistas y anuncios constituían mi material primario. Poniendo imágenes extraídas de distintas publicaciones una al lado de otra, imágenes que nunca deberían ponerse juntas, conseguía yuxtaposiciones inesperadas, nuevos discursos. Era como jugar a “encontrar imágenes”.» (Joan Rasbascall entrevistado a raíz de su participación en la exposición The World Goes Pop, Tate Modern, Londres, 2015)
Atomic Kiss es uno de sus trabajos emblemáticos de esa época. El artista combina dos imágenes icónicas en el imaginario social de Occidente: un pintalabios de color rojo perfila una boca femenina que evoca el mito sensual de la mujer de Hollywood; al fondo, como si saliese de la boca de la mujer, se ve la silueta de la seta atómica, una referencia directa a las bombas de Hiroshima y Nagasaki del final de la Segunda Guerra Mundial. La superposición de ambas imágenes vehicula, de un modo muy eficaz, un doble mensaje. Por una parte, en el contexto sociopolítico de finales de la década de los sesenta, Atomic Kiss –una obra realizada en 1968– describe las ambigüedades de la sociedad de consumo norteamericana, que ocultaba un poder militar destructivo y masivo tras el cine más glamuroso. Como indicaba el propio Rabascall, «Atomic Kiss refleja lo que fue el año 1968, el año de las protestas de estudiantes desde Berkeley hasta Berlín, vía París. La oposición a la guerra de Vietnam, la amenaza de una posible guerra nuclear...» (Entrevista citada anteriormente, 2015). Por otra parte, y en una lectura más sutil, Rabascall reflexiona sobre el nefasto poder de los medios de comunicación, aludiendo al bombardeo de imágenes invasivo y masivo al que estamos sometidos.
«Porque la finalidad de estas obras no es dar miedo; hay que mostrar la escritura del desastre. Somos analfabetos de la catástrofe. Se necesaria una legibilidad para intentar comprender.» (Arbulú citando a Paul Virilio, Lo que viene, p. 9; en Claudia Arbulú Soto: Los catalanes de París: un análisis estético. Madrid: Dykinson, 2016, p. 94)
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