Fondo de la colección

Joan Fontcuberta y Pere Formiguera 'Fauna', 1989

Fauna

Fecha:
1989
Tipo obra:
Media instalación
Material:
Material orgánico, fotografía, papel, cristal y material audiovisual
Medidas:
Mides diverses
Procedencia:
Colección MACBA. Fundación MACBA
Registre núm:
1659

ITINERANCIA DE LA OBRA

  • Fecha:
    09 nov. 2011 - 14 mar. 2012
    Lugar:
    Museo Universitario del Chopo, Mèxic DF
  • Fecha:
    15 feb. 2008 - 13 mayo 2008
    Lugar:
    Musée-Château d'Annecy, Annecy
  • Fecha:
    15 ene. 2007 - 28 feb. 2007
    Lugar:
    Universitat Autònoma de Barcelona

Joan Fontcuberta y Pere Formiguera, dos nombres destacados de la fotografía contemporánea catalana, iniciaron una colaboración en 1984 en torno a un catálogo de plantas inexistentes. Fontcuberta realizaba la parte fotográfica y Formiguera, escritor y fotógrafo, la literaria. Querían rebatir el tópico, tan consolidado, de la capacidad de verdad del documento fotográfico. Tras esta primera colaboración, quisieron ir más allá, indagando los límites, no siempre claros, entre realidad y ficción, entre lo natural y lo imaginario. Un año después, el 1985, empezaban a trabajar en el proyecto Fauna.

Fauna se presenta como una instalación de grandes dimensiones y múltiples elementos en torno a la figura de un científico olvidado y sus descubrimientos sobre el mundo animal. Se parte de la premisa de que los dos fotógrafos han descubierto los archivos desaparecidos del zoólogo alemán Peter Ameisenhaufen –nacido en Múnich en 1895 y desaparecido de forma misteriosa en 1955–, y su ayudante Hans von Kubert. Ameisenhaufen había catalogado una serie de animales poco comunes, como el Ceropithecus icarocornu, parecido a un mono pero con un cuerno de unicornio y alas; la Solenoglypha polipodida, similar a una serpiente de tres metros y medio; o el Pirofagus Catalanae, un dragón hallado en Sicilia, abandonado por invasores catalanes en el siglo XVI, que ingería su propio fuego después de expulsarlo.

Fauna presenta fotografías de los animales inventariados por el zoólogo, minuciosos estudios de campo, notas de trabajo del científico, radiografías y disecciones de esqueletos, un espécimen disecado y algunos audios con los registros de los gritos de los animales. Se presentan todos los elementos clave para dar credibilidad científica y solidez epistemológica a una gran ficción. En ningún momento se informa al espectador de que se trata de una invención, ni de que los nombres del científico Peter Ameisenhaufen y el de su ayudante Hans von Kubert son dos alter ego de los nombres de Formiguera y Fontcuberta.

Tampoco se le explica que los dos fotógrafos colaboraron con un taxidermista para crear los animales fantásticos y que los bautizaron en latín ficticio simulando las clasificaciones científicas. Objetos y palabras fueron utilizados como legitimadores de un imaginario verdadero compartido por el público. El espectador encuentra los materiales como si se hubieran conservado durante mucho tiempo: las fotografías están ligeramente desenfocadas, la tinta de algunas cartas se ha corrido sobre el papel y los marcos de los cuadros tienen astillas y lucen avejentados.
En la línea de trabajo de estos fotógrafos, en especial el de Joan Fontcuberta, Fauna pone en circulación un artefacto epistemológico para cuestionar la credibilidad de la verdad científica, la objetividad de los museos y la poca –o nula– neutralidad de la imagen fotográfica. La obra, que se presenta siguiendo el lenguaje y la museografía propios de las exposiciones científicas, afronta a la vez la autoridad del discurso científico y la verosimilitud de la fotografía. Expuesta en numerosas ocasiones en museos y espacios de Europa y América, Fauna genera perplejidad entre el público.

Cuando en el año 1989 la instalación se presentó por primera vez en el Museo de Zoología de Barcelona, una encuesta realizada por su Departamento de Educación reveló que un 27% de los visitantes adultos y con titulación universitaria creyó que aquellos animales eran auténticos.

Nuestro proyecto, Fauna, quiere incidir fundamentalmente, desde la experiencia estética y con una vocación inequívocamente lúdica, en esta problemática. ¿Cómo desmontar los dispositivos gnoseológicos de los media y el stablishment cultural? O, en un sentido aún más amplio, ¿cómo desmantelar los procesos de producción y transmisión de «conocimientos»? Finalmente, descubriríamos que la verdad es pura especulación. Que no hay verdad, sino fantasías que se acercan más o menos. Y que todas estas fantasías, incluso las aparentemente más inocentes e inocuas, son interesadas.
Formalizar una acción artística con el material de la ciencia posibilitaba esclarecer de entrada las connotaciones ideológicas inmediatas que afectan a los medios de comunicación, los mitos y los clichés que generan: origen o referencia reiterada, en definitiva, de gran parte del arte de los años ochenta. La ciencia –en particular aquí la zoología– nos abría unos caminos menos explorados, seguramente porque, lejos del servilismo de los media, las instituciones científicas han sabido conservar cierto autoridad moral. Fauna nació de una inicial colaboración fotográfica-literaria entre nosotros dos en el año 1985. En aquella ocasión se trataba de manifestar, en torno a un catálogo de plantas inexistentes, la fragilidad del poder de convicción del documento fotográfico, ironizando el popular argumento de «esto-existe-porque-ha-sido-fotografiado». No en vano se atribuye a Borges, un gran inspirador de nuestro trabajo, la máxima: «Ser es ser fotografiado.» Iniciábamos así este viaje a los confusos confines entre la realidad y la ficción, entre la naturaleza y lo imaginario.
[…] Fauna se inspira también en otras vertientes, como la mitología y los bestiarios medievales. La morfología de algunas de nuestras criaturas ha tomado como modelo las figuras mitológicas clásicas o extraordinarias quimeras –la sirena, la hidra, el basilisco, etc.– referidas como bestias reales por los naturalistas de más allá del Renacimiento. Otras veces ha sido el valor del símbolo que se atribuye a muchos animales: algunos, como la serpiente o el dragón, encarnan las fuerzas del mal en numerosas y distantes civilizaciones.
[…] En síntesis, proponemos una reflexión no sólo sobre el realismo y la credibilidad de la imagen fotográfica sino también sobre el discurso científico y el artificio subyacente a todo mecanismo generador de conocimiento, incidiendo sobre la multiplicidad de facetas que afectan a diversas disciplinas de creación.

Joan Fontcuberta, Pere Formiguera

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