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Con una clara referencia a la navegación y a la hoja de ruta, ESCRITO EN EL VIENTO presenta a uno de los artistas que han sido más decisivos en los últimos cincuenta años a través de un medio humilde y al mismo tiempo fundamental como es el dibujo. La exposición invita a conocer la obra de Lawrence Weiner (Nueva York, 1942) a través de la que es quizá su faceta menos conocida. ESCRITO EN EL VIENTO constituye un análisis exhaustivo de las obras sobre papel de Weiner, un artista que nos ha enseñado que el arte no necesita de un soporte físico: es suficiente su formulación verbal. Con una producción que se extiende desde principios de los años sesenta hasta la actualidad, destaca su recurrente intención comunicativa. Weiner se vale de un elemento tan democrático y universal como el lenguaje para construir una obra que abarca desde objetos intangibles –sus conocidas esculturas hechas con palabras–hasta trabajos sonoros y películas.

El MACBA presenta por primera vez los dibujos de Weiner. Partiendo de la gestualidad propia de este medio, se ha dejado que sea la misma condición gráfica y visual del dibujo la que articule el recorrido. La exposición, que rehúye el relato cronológico, muestra una perspectiva íntima de los intereses y obsesiones del artista como una forma de acceso privilegiado a su trabajo y su visión del mundo.

Comisariado: Bartomeu Marí y Soledad Gutiérrez

Exposición organizada por el Museu d’Art Contemporani de Barcelona (MACBA) y coproducida junto al Stedelijk Museum de Amsterdam Catálogo Escrito en el viento. Lawrence Weiner dibujos. Barcelona: Museu d’Art Contemporani de Barcelona (MACBA), 2013

El arte de la segunda mitad del siglo XX hasta hoy no sería lo mismo sin la contribución, fundamental, de Lawrence Weiner. Este artista americano fuertemente vinculado a Europa ha contribuido como pocos a ampliar la noción del arte tal como la entendemos hoy. Sus obras han educado nuestra mirada enseñándonos a desligar la obra de arte de su soporte físico y a desvincular cualidades físicas de cualidades estéticas.

En 1960 Weiner utilizó dinamita en un parque de California para crear esculturas por sustracción. En 1964, el público neoyorquino que asistía a una exposición del artista se encontró con que debía decidir sobre el estado final de las obras presentadas. En 1968, Weiner instaló una cuadrícula de estacas fijadas en el suelo y unidas por cuerdas en el Windham College, en Putney, en el estado de Vermont. Cuando los estudiantes tuvieron que cortar las cuerdas para acceder al campus, se dio cuenta de que habría podido comunicar la misma experiencia sin necesidad de materializarla. En el mismo año, el artista hacía pública una conocida declaración de intenciones que ha regido su trabajo hasta la fecha y que ha marcado un antes y un después en la historia del arte contemporáneo:

1. El artista puede construir la obra.
2. La obra puede ser fabricada.
3. La obra no tiene por qué ser construida.
Cada una de estas directrices es igual de válida y coherente con sus planteamientos, siendo el receptor de la obra el que decide la condición de la misma en el momento de recibirla.

Desde entonces, Weiner ha utilizado el lenguaje como material de creación artística y ha exigido siempre un papel activo por parte del receptor. Una vez desvinculada de su apariencia y su condición física, la obra de arte existe en la medida en que es formulada lingüísticamente y habitada por el espectador. Con estos presupuestos, Weiner ha hecho del lenguaje el elemento central de su producción: un lenguaje preciso que el artista selecciona con meticulosidad y entiende en su forma más objetiva. Weiner esculpe con palabras. Uno de sus trabajos más significativos, ALGUNOS OBJETOS DE DESEO (2004), ocupa la pared central del atrio del edificio del MACBA de forma permanente desde 2009 como parte de la colección del Museo. Esta gran "ecuación matemática" hace hincapié en la relación entre las personas y los diferentes tipos de objetos que hay en el mundo.

Cuando dibujar es pensar

La exposición recorre la producción en papel de Weiner de forma exhaustiva y se centra en el dibujo como elemento articulador. Un medio que, si bien es estructural, hasta la fecha no ha tenido todavía un estudio específico. Desde el comienzo y durante cinco décadas, la fidelidad de Weiner al dibujo se ha mantenido inalterada. Su corpus de trabajo en papel es extensísimo, así como la diversidad de formatos. Papel caligráfico, planos de ciudades, envoltorios de tabaco u hojas de periódico, entre otros soportes, han sido utilizados como material de trabajo en una práctica de dibujo casi compulsiva.

La exposición agrupa los dibujos en dos categorías: las series que conforman una historia en sí mismas o nos hablan de las obsesiones del artista, y los materiales, a veces incompletos y fragmentados, que puntualizan y acotan estas historias. Se
trata de notas y pensamientos aislados en forma de dibujo que ayudan a dar sentido a las series. A pesar de que se renuncia a un relato cronológico, el conjunto expuesto permite recorrer la totalidad de la trayectoria de Weiner a través de este ejercicio de pensamiento que es el dibujo. Si en los primeros años, cuando el artista pinta sobre telas recortadas y ensaya distintos automatismos, ya utiliza la práctica del dibujo, tras el giro lingüístico de 1968, esta se ve reforzada y la escritura se convierte en una parte de esa práctica. Y es que Weiner no entiende el dibujo en términos espaciales o de delineación, sino que lo asocia a la articulación del pensamiento. Dibujar y pensar se producen en una misma superficie.

Como todas sus obras, también los dibujos le sirven como una forma directa de interacción. Si bien los gestos del dibujo apelan a la misma superficie y a los trazos que la componen, remiten también a nuestra capacidad de visión y de diálogo. Atendiendo a la voluntad del artista y a su deseo de inmediatez entre obra y receptor, la exposición renuncia a los textos de pared y deja que sean los propios dibujos los que hagan de hilo conductor. Así los gestos saltan a las paredes y toman el museo convirtiendo la instalación en un nuevo texto. De la mano de los dibujos de Weiner, la conversación entre obra y receptor se convierte en un hecho casi físico.

Entre el material expuesto, se presentan por primera vez los cuadernos de notas del artista, origen y base de toda su producción. Estos cuadernos muestran los pensamientos iniciales, las primeras ideas que se van transformando hasta convertirse en nota y, a menudo, en obra. El gesto como lenguaje y el dibujo como pensamiento estructuran esta trayectoria por la obra en papel de quien ha convertido la experiencia de la palabra en una experiencia de la mirada.

Artista

Lawrence Weiner
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Itinerancias

21 SEP. 2013 - 05 ENE. 2014 Stedelijk Museum, Ámsterdam
08 MAR. - 30 JUN. 2013 Salas del museo


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Imágenes

ESCRITO EN EL VIENTO
Vista de la exposición "Escrito en el viento" de Lawrence Weiner, 2013
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Vista de la exposición "Escrito en el viento" de Lawrence Weiner, 2013
Vista de la exposición "Escrito en el viento" de Lawrence Weiner, 2013
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Vista de la exposición "Escrito en el viento" de Lawrence Weiner, 2013
Vista de la exposición "Escrito en el viento" de Lawrence Weiner, 2013
Vista de la exposición "Escrito en el viento" de Lawrence Weiner, 2013

Audios

Son[i]a #145
26.01.2012
Son[i]a #177 Soledad Gutiérrez sobre Lawrence Weiner
02.05.2013

Publicaciones

Pienso que una obra de arte debería dejar perplejo al espectador, hacerle meditar sobre el sentido de la vida
Antoni Tàpies