Fondo de la colección

Francesc Abad 'El Camp de la Bota', 2004

El Camp de la Bota

Fecha:
2004
Tipo obra:
Instalación
Material:
Tinta impresa sobre papel
Medidas:
1153 documents de 20 x 21 cm
Procedencia:
Colección MACBA. Consorcio MACBA. Donación del artista
Registre núm:
2974

«Mi equipo y yo nos marcamos como límite cuatro años, porque estas historias duelen mucho. Leer estas sentencias surgidas de juicios sumarísimos es insoportable. Lo mismo ocurre con las cartas de despedida y tantos otros papeles que nunca deberían haberse escrito.» (Francesc Abad, El País, 10 de agosto de 2007). El Camp de la Bota se gestó en el año 2004 como un proyecto abierto de recuperación de la memoria colectiva y una interrogación activa sobre la violencia de los silencios políticos. Ese año, la ciudad de Barcelona construía un nuevo macroequipamiento y rehabilitaba un área de playas y barracas hasta entonces abandonada por el urbanismo municipal y la presentaba al mundo como el Fórum Universal de las Culturas. El nuevo equipamiento se construyó en la zona del Camp de la Bota.

Situado entre los municipios de Barcelona y Sant Adrià de Besòs, este espacio abandonado ocupaba un lugar significativo en el imaginario colectivo de la ciudad. Fue aquí donde se instaló buena parte de la inmigración española que, desde los años cincuenta, llegó a la ciudad cargada de esperanzas y encontró la realidad de las barracas. Pero, ante todo, fue en esta zona donde, de 1939 a 1952, el régimen franquista fusiló a unas 1.700 personas. «Mi despertador era cuando a las siete de la mañana fusilaban a los condenados. Y por los disparos de gracia sabías cuántos habían muerto cada día», recordaba así el cura Pere Ribot de Sant Adrià las madrugadas de 1941. Las últimas ejecuciones tuvieron lugar el 14 de marzo de 1952, trece años después del final de la Guerra Civil. Las últimas personas fusiladas fueron cinco de los integrantes del grupo anarquista Talión. Los sentenciados eran nueve pero la presión internacional, especialmente por parte de intelectuales franceses como André Breton, Jean Paul Sartre y Albert Camus, logró reducir la lista.

Cuando en 2004 se iniciaron los movimientos de tierras para construir el Fórum Universal de las Culturas, la placa que hasta entonces recordaba los fusilamientos fue retirada con la intención de no colocarla de nuevo. La historia más negra de esta parte de la ciudad quedaba así olvidada y blanqueada por un nuevo evento de masas envuelto con la etiqueta de cultura. Fue en este contexto cuando Francesc Abad decidió recuperar la historia de los fusilamientos y conceder el protagonismo a las personas con nombre y apellidos silenciadas por el gran relato de la historia. Como explica el antropólogo Manuel Delgado hablando de la obra: «¿Por qué es necesario recordar que hay que olvidar? ¿A quién le interesa tener presente todo aquello? ¿Y por qué? ¿No es mejor proclamar a gritos ¬–sin decirlo– que el parapeto no existió, que los cientos de fusilados allí nunca fueron fusilados? Porque nadie fue fusilado allí ni en ninguna parte, nadie fue perseguido en esta tranquila ciudad que abre sus puertas hoy al abrazo cósmico entre culturas. Aquí nadie fue torturado, nadie murió acribillado, porque no hubo ninguna guerra, ni ninguna posguerra, ni barracas, ni miserables, y menos aún muros de fusilamiento. Antes del Fórum no había nada. Un espacio vacío y virginal que esperaba ansioso la llegada de los arquitectos y los publicistas, impaciente por ser rescatado de la nada en la que se encontraba. Triunfo absoluto de una ciudad sometida a la estética Benetton, sin pasado, o mejor dicho, con un pasado inventado» [Delgado, Manuel: «Llocs d’oblit», Papers d’Art. Girona: Fundació Espais d’Art Contemporani, 2004 (primer semestre de 2004, nº 86)].

Francesc Abad inició el proyecto recuperando la documentación visual sobre el escenario de los fusilamientos, la documentación personal de las personas asesinadas y el relato de sus hijos y nietos. Desde el comienzo, lo planteó como un archivo que se ha desarrollado en diferentes direcciones: una página web, la publicación de dossiers, catálogos y carteles, la convocatoria de jornadas y una exposición itinerante por diferentes ciudades catalanas que fue incorporando a nuevos testigos de nuevas víctimas del franquismo. Si bien el proyecto se inició con el testimonio de ocho personas, cuatro años después, tenía más de 1.000 documentos.

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