Verde

“En las siestas de los días de agosto, tumbado en la tumbona, saboreando el café en la sombra caliente de los porches, cuando el calor pesa como una losa en el silencio de la hora alta y sólo la suave brisa marina, que se inicia, hace latir las persianas en una música cadencial que acompaña el trasfondo del canto de las cigalas, más lejanas, en los rastrojos tras la casa. En esta hora no hay pájaros. Solo esa nada que me acompaña y que me lleva a disfrutar, en un tiempo casi detenido, de mis silencios.” (Hernández Pijuan, 2002)

En días de quietud y silencio, el arte nos ofrece experiencias de autoconocimiento. Como el homenaje al espacio y la propuesta de mirada vacía que construye Hernández Pijuan en su pintura y que él asocia a vivencias personales como el tiempo detenido.

Podría ser mi dormitorio (o algo parecido a ello). Incluso las mismas características técnicas: todas las paredes y volúmenes construidos en ese módulo de tela cruda para pintores donde medirme y medirnos.
Pep Agut