Salía de noche, cuando las calles de Manhattan estaban vacías. En el silencio de la metrópolis, colgaba posters con textos anónimos: mensajes breves que denunciaban distintas formas de injusticia y control social. “Sólo quería mantener a la gente despierta”, aseguraba la artista. Siete u ocho años después, alargó los textos hasta las 100 palabras en una nueva serie: los Inflammatory Essays o “ensayos incendiarios”, destinados también a las avenidas y plazas de Nueva York. “El miedo es el arma más elegante”, auguraban. ¿Cuáles serían hoy los mensajes que colgaríamos en nuestras calles vacías?

Podría ser mi dormitorio (o algo parecido a ello). Incluso las mismas características técnicas: todas las paredes y volúmenes construidos en ese módulo de tela cruda para pintores donde medirme y medirnos.
Pep Agut