Este recorrido transita por un conjunto de obras de mujeres artistas del fondo del museo que visibilizan las tensiones que han existido a lo largo de la historia del arte contemporáneo en relación con los diversos contextos culturales, sociales y políticos y que tienen como eje vertebrador el feminismo. 

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En los años ochenta, las Guerrilla Girls decidieron incorporar nuevas estrategias en el feminismo de los setenta como el humor y la estridencia, el ingenio y la risa. Aunque partían del trabajo pionero de artistas como Judy Chicago y críticas de arte como Lucy Lippard, que denunciaban el silencio y la invisibilidad de las mujeres en el mundo del arte, la frescura del lenguaje dirigido al gran público de las Guerrilla Girls supuso una renovación. Los carteles de la Colección MACBA condensan bien este nuevo lenguaje. Incorporan iconos y elementos propios de la cultura popular, como las bananas de Andy Warhol y la figura de King-Kong, así como retratos de mujeres artistas y de actrices de Hollywood. 

Aunque están pensadas como obras independientes, Eulàlia Grau reúne estos trabajos bajo una única denominación: Etnografías (1972-1974). Si la etnografía es un estudio descriptivo de las prácticas de los grupos humanos, bajo la mirada de Eulàlia se convierte en un análisis demoledor del mundo occidental y de los valores del sistema capitalista. A partir de fotografías extraídas de la prensa, la artista construye collages en los que presenta imágenes con asociaciones críticas y comentarios ácidos sobre el consumo, la violencia, el uso del poder y los valores burgueses de la sociedad. El conjunto constituye un decálogo de los "pecados" y las trampas de las forma de vida capitalista.

En el contexto de los movimientos feministas y del arte pop de finales de los años sesenta y principios de los setenta, Dorothée Selz produjo la serie Mimétisme relatif en 1973. Se trata de una serie en clave humorística y crítica que aborda la imagen de la mujer seductora transmitida por las revistas de moda y los calendarios, y también la que vehiculan las obras del artista pop Allen Jones. Selz elabora varios dípticos de imágenes con una fotografía de una modelo procedente de un anuncio y otra de la propia artista imitando o reproduciendo la pose de la modelo. A continuación, monta las fotografías en un marco de cemento y pintura acrílica de vivos colores con decoraciones realizadas con utensilios de pastelería.

Jo Spence fue una figura clave en los debates sobre fotografía, crítica de la representación y feminismo de los años setenta y ochenta. En 1973 fundó con Terry Dennett el Photography Workshop, una organización independiente dedicada a la educación, la investigación y la publicación, que incluía un espacio de exposiciones y recursos para la producción fotográfica. En 1982, cuando tenía 46 años, le diagnosticaron un cáncer de mama y, a partir de ese momento vital, su obra derivó hacia la autobiografía, con la fotografía como herramienta de rebelión y de terapia.

Esther Ferrer realizó su primera performance en 1967, y desde entonces la práctica efímera se ha convertido en hilo conductor de su obra. Por el papel del espectador y por la concepción de la performance la actitud de Ferrer se aproxima al teatro de Bertolt Brecht, donde la ausencia de ficción en el escenario y el distanciamiento provocado en el espectador pretenden provocar una toma de conciencia, una reflexión crítica. Para Ferrer el performer no es un actor, sino un elemento que ejecuta la acción, y lo que sucede en una performance es real, evidencia una materialidad y se aleja de cualquier juego ilusionista. Asimismo, la artista intenta transmitir la conciencia del paso del tiempo; el tiempo, el espacio (que incluye el espacio mental) y la presencia (suya y de los demás) son elementos que manipula en sus acciones, en las que suele trabajar con objetos ordinarios y cotidianos: martillos, relojes, mesas, sillas, marcos, hilos, cuerdas, zapatos, etc.

Martha Rosler llevó a cabo esta performance en la Universidad de California, en San Diego, en 1974. La artista se iba desvistiendo a medida que unos funcionarios médicos se lo pedían para medir las distintas partes de su cuerpo. Pocos años después, en 1977, reformuló el proyecto para convertirlo en una pieza de vídeo que se presenta como una ópera en tres actos.

Un hombre en bata blanca, asistido por varias mujeres también en bata blanca, mide las partes del cuerpo de una mujer de forma exhaustiva y minuciosa, incluidas las articulaciones de los dedos de las manos y los pies, a medida que esta se va desvistiendo.

Aunque es el hombre quien toma las medidas, las mujeres le acompañan con una especie de sonajeros como en un coro griego. Acabada la operación, la mujer vuelve a vestirse con una prenda negra y abandona la escena. 

En 1964 Nancy Spero se muda a Nueva York, donde es ignorada por una sociedad machista y centrada en los expresionistas abstractos y en la estética minimalista en boga. Decide trabajar con materiales frágiles, con los que lleva a cabo una cruda crítica hacia la intervención del gobierno americano en Vietnam. Más tarde, crea obras más personales basadas en los escritos atormentados del poeta francés Antonin Artaud. En 1973 expone en la galería A.I.R. –la primera galería de mujeres, fundada por Spero y otras artistas un año antes– su Codex Artaud, una serie de frágiles obras sobre papel en las que la artista utiliza una mezcla de escritura, dibujo y collage.

La esencia del fragmento y del módulo tiene un profundo eco en mi trabajo.
Pep Agut