“Estaba pensando en la naturaleza del pecado, cómo se ve o cómo existe, porque pecar es una especie de intoxicación por sí misma y de sí misma. Significa que hay una frontera que debes cruzar, pero no necesariamente para ir hacia algo malo. Yo veo el pecado como un acto creativo”, explicaba Valeska Soares refiriéndose a Sinners. En uno de sus trabajos tempranos, esta artista brasileña instalada en Nueva York sugiere la ausencia de un cuerpo anónimo a través de la huella que han dejado sus rodillas en la superficie de cera de un banco. Como si hubiera habido una persona orando, pone en juego conceptos como piedad, culpa o pecado, que son releídos en clave laica y vinculados al acto creativo. Como en otras obras de estos años, Soares se vale de materiales como cera de abeja, flores, perfume, vidrio o terciopelo para reflexionar en torno a la distorsión de la mirada y la memoria, haciendo tangible a la vez sentidos desestimados por la tradición artística, como el tacto y el olfato.

El azul protege al blanco de la inocencia. El azul se lleva el negro. El azul es la oscuridad hecha visible.
Derek Jarman