Gustave Courbet pintó L'Atelier du Peintre en 1855, un cuadro donde se retrató en su estudio rodeado de amigos, como Baudelaire, pero también de enemigos y de representantes de distintos movimientos sociales. Una alegoría sobre el espacio público y el debate entre la autonomía y el compromiso político del artista que Alice Creischer revisitó 150 años más tarde. Con el pseudónimo de Alice Ohneland (Alicia Sin País), recuperó esta obra como paradigma histórico de todos los debates surgidos entre arte y política en los años noventa. Realizada sobre material transparente, la artista deja líneas sin pintar que, con la ayuda de un proyector, crean imágenes de luz en la pared como un inframundo de sombras chinas.

El taller de la pintora. Alegoría real determinante de una fase de siete años de mi vida artística en la República de Berlín
El taller de la pintora. Alegoría real determinante de una fase de siete años de mi vida artística en la República de Berlín
El taller de la pintora. Alegoría real determinante de una fase de siete años de mi vida artística en la República de Berlín

OBRAS DE ALICE CREISCHER EN LA COLECCIÓN

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Me gusta pensar que el artista no es más que un material de otro tipo en la obra, que coopera con los restantes materiales.
Robert Rauschenberg