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Never Mind no Mind, 1966

Partiendo del arte pop y del nuevo realismo europeo, en el año 1962 Gianfranco Baruchello inició sus pinturas con constelaciones de imágenes sobre grandes superficies blancas. Su amigo Marcel Duchamp escribió sobre el: «Un artista al que aprecio mucho. Pinta grandes cuadros blancos con todo de cositas que se tienen que mirar de cerca.»
Baruchello encontró una forma estética particular en el hábito de acumular grandes cantidades de datos y elementos procedentes de orígenes tan diversos como la publicidad y la cultura popular, pero también de tratados filosóficos y científicos. Fagocitaba así –como ya hiciera el arte pop– el «ruido» constante de imágenes de la cultura de masas. La realidad, por su parte, se reducía a un tamaño diminuto y pasaba a mostrarse en una nueva dimensión, siguiendo las experiencias previas del surrealismo y el dadaísmo.

Frente a la imposibilidad de digerir la infinita cantidad de información que emerge de la nueva cultura de masas de los años cincuenta y sesenta, Baruchello construye una serie de universos microscópicos con innumerables fragmentos de imágenes que circulan por un espacio descentralizado y no jerarquizado, un espacio no euclidiano. Allí se despliegan sus mitos particulares, tanto artísticos y literarios como políticos: el amor, la mujer, la casa, los amigos, los jardines, Duchamp, Lacan, los automatismos psíquicos, la anatomía humana, el erotismo, la genitalidad... Todo ello camuflado tras una narrativa y unas secuencias de imágenes repetitivas. Con apariencia de cómic, se plantean algunas de las contradicciones de la economía capitalista y se abordan tragedias políticas e históricas. Personajes de la historia y la política se transforman en protagonistas de sus cuentos épicos.

En una entrevista con Tommaso Trini, en el año 1975, el artista explicaba: «Estoy obligado a utilizar fragmentos de cosas. ¿Por qué hago cuadros con imágenes diminutas? Porque dentro puedes encontrar más. […] Para mí, dos palabras se transforman en 22.000 cuando se trata de abarcar un fragmento de una realidad tan compleja.» Y añadía: «Las imágenes nunca son accidentales.»

Las superficies monocromas de las pinturas de Baruchello son como campos de acción donde los signos alfabéticos y los iconos devienen elementos de una nueva gramática visual no siempre fácil de descifrar. Más que la semántica de sus elementos, lo que pasa a ser relevante es su disposición y las relaciones que se crean entre ellos, que a menudo evocan el proceso del pensamiento humano o el espacio de la mente. Con una apariencia de cómic, plantean algunas de las contradicciones de la economía capitalista y de las tragedias de nuestro tiempo.


Ficha técnica

Título original:
Never Mind no Mind
Número de registro:
5188
Artista:
Baruchello, Gianfranco
Fecha de creación:
1966
Año de adquisición:
2014
Fondo:
Colección MACBA. Fundación MACBA
Tipo de objeto:
Pintura
Técnica:
Esmalte, tinta y papel sobre aluminio
Créditos:
Colección MACBA. Fundación MACBA. Obra adquirida gracias a María Entrecanales
Copyright:
© Fondazione Baruchello
Recursos de accesibilidad:
No

La Colección MACBA está formada por arte catalán, español e internacional y, aunque incluye obras desde la década de 1920 en adelante, se centra especialmente en el periodo comprendido entre la década de 1960 y la actualidad.

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Pienso que una obra de arte debería dejar perplejo al espectador, hacerle meditar sobre el sentido de la vida
Antoni Tàpies