Antoni Tàpies (Barcelona, 1923-2012) inició sus tanteos artísticos en la adolescencia. Su creciente dedicación al dibujo y a la pintura le impulsó a abandonar los estudios universitarios de Derecho. En la década de los cuarenta comenzó a exponer sus obras, de marcada personalidad, y junto a Joan Ponç, Joan Brossa y otros, fundó la revista vanguardista Dau al Set (1948). Si bien la pintura de Tàpies mostraba la huella de Miró y Klee, pronto añade la iconografía, la temática mágica, las geometrías y los estudios de color que desembocarán en la pintura matérica.

A raíz de la Segunda Guerra Mundial y el lanzamiento de la bomba atómica, que conmociona a los artistas de ambos lados del Atlántico, Antoni Tàpies empieza a expresar un interés especial por la materia, la tierra, el polvo, los átomos y las partículas. Esta tendencia se traduce en el uso de materiales ajenos a la expresión plástica academicista, como zapatos o calcetines, y en la experimentación de nuevas técnicas. Con telas de textura intensa y grandes posibilidades expresivas, a mediados de los años cincuenta Tàpies alcanza el reconocimiento internacional como uno de los grandes renovadores del informalismo. Las pinturas matéricas forman una parte sustancial de la obra de Tàpies, para quien la materia era también magia, mimesis y alquimia.

Aparte de su actividad artística, que no concebía desvinculada de su realidad vital, Antoni Tàpies mantuvo siempre un firme compromiso moral respecto a los acontecimientos políticos y sociales. A finales de los años sesenta y principios de los setenta, su implicación contra el franquismo se intensificó, y sus obras adquirieron un marcado carácter de denuncia. También en esa época, coincidiendo con la eclosión del arte povera en Europa y el posminimalismo en Estados Unidos, Tàpies acentuó su trabajo con objetos incorporándolos a su lenguaje. En los años siguientes y hasta el final de su vida, la cultura oriental pasó a ser decisiva en la producción del artista, con un énfasis renovado en la materia, en la identidad hombre-naturaleza y en la negación de todo dualismo. Las obras de los últimos años contienen una reflexión física y espiritual.

Tàpies fue un intelectual con un gran bagaje lector y musical. Llevó a cabo una intensa actividad en el campo de la obra gráfica con libros de bibliófilo y carpetas realizadas en colaboración con poetas y escritores, como Alberti, Bonnefoy, Du Bouchet, Brodsky, Brossa, Daive, Dupin, Foix, Frémon, Gimferrer, Guillén, Jabès, Mestres Quadreny, Mitscherlich, Paz, Saramago, Takiguchi, Ullán, Valente y Zambrano, entre otros. Paralelamente a su actividad artística, Antoni Tàpies desarrolló una prolífica carrera de escritor. Entre sus publicaciones, destacan: La pràctica de l'art (1970; edición castellana: La práctica del arte, 1971), L'art contra l'estètica (1974; edición castellana: El arte contra la estética, 1978), Memòria personal (1977; edición castellana: Memoria personal, 1983), La realitat com a art (1982), Per un art modern i progressista (1985) (ambos publicados en edición castellana en: La realidad como arte. Por un arte moderno y progresista, 1989), Valor de l'art (1993; edición castellana: Valor del arte, 2001) y L'art i els seus llocs (1999; edición castellana: El arte y sus lugares, 1999). En 1984, y con el objetivo de promover el estudio del arte contemporáneo y su difusión, Antoni Tàpies creó la Fundació Antoni Tàpies, con sede en la antigua editorial Muntaner i Simón, en el corazón del Eixample barcelonés.

La obra de Tàpies se ha expuesto en las más destacadas instituciones internacionales y ha recibido múltiples premios y reconocimientos públicos. Entre otros centros, se ha expuesto en el Solomon R. Guggenheim Museum de Nueva York (1962), en la Kunsthaus de Zúrich (1962), en el Institute of Contemporary Arts de Londres (1965), en el Musée d'Art moderne de la Ville de Paris (1973), en la Neue Nationalgalerie de Berlín (1974), en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid (1990), en el Instituto Valenciano de Arte Moderno de Valencia (1992), en el Museum of Modern Art de Nueva York (1992), en el Jeu de Paume de París (1994) y en el Museu d'Art Contemporani de Barcelona (2004).

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Ignasi Aballí