Eduardo Chillida (San Sebastián, 1924-2002) estudió arquitectura, pero en 1947 abandonó la carrera para dedicarse al dibujo y a la escultura. Si bien comenzó esculpiendo en piedra, pronto incorporó el hierro como materia primordial en su trabajo. Desde 1956, cuando presentó un importante número de piezas en la Galerie Maeght de París, su obra ha sido objeto de un amplio reconocimiento internacional. Chillida entiende que lo que genera escultura y volúmenes es el propio material. Abstracta y depurada hasta los mínimos elementos, su obra pivota en torno a tres grandes preocupaciones: el espacio, el vacío y el límite.

Las esculturas de Chillida muestran una gran economía de medios, un acusado sentido de la monumentalidad, una estricta armonía con el entorno y una poderosa relación aurática y totémica con el espacio. Su trabajo incluye una gran producción de grabados y de escultura pública, y ha sido objeto de estudio por parte de escritores como Octavio Paz o José Ángel Valente y de filósofos como Martin Heidegger o Émile Cioran. En el año 2000 se inauguró en Hernani (Guipúzcoa) el museo Chillida-Leku, con un fondo significativo de la obra del artista.

Desde sus inicios, con el galerista Aimé Maeght en París, la obra de Chillida se ha expuesto en numerosos museos e instituciones de todo el mundo. Su proyección internacional recibió un fuerte impulso en 1958, cuando le fueron concedidos el Premio Internacional de Escultura de la Bienal de Venecia y el Premio de la Fundación Graham de Chicago. Hay más de cuarenta obras públicas de Chillida en parajes naturales y en ciudades como Barcelona, Berlín, Frankfurt, París, San Sebastián o Washington; destaca sobre todo Alemania, donde este artista ha sido siempre especialmente valorado. Su trabajo ha podido verse en múltiples retrospectivas, como la del Museum of Fine Arts de Houston (1966), la National Gallery de Washington (1979), el Martin-Gropius-Bau de Berlín (1991), el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (MNCARS) de Madrid (1999), el Museo Guggenheim de Bilbao (1999) y la Galerie nationale du Jeu de Paume de París (2001). Su obra está presente en buena parte de los museos de Alemania (Manheim, Berlín, Frankfurt, Düsseldorf, Münster, etc.), de Suiza (Basilea, Zúrich, Ginebra, Winterthur, etc.) y de Estados Unidos (Nueva York, Houston, Dallas, Chicago, etc.).

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Pienso que una obra de arte debería dejar perplejo al espectador, hacerle meditar sobre el sentido de la vida
Antoni Tàpies