Programa educativo
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Líneas de investigación

Bajo el título Colección MACBA. Un siglo breve, la presentación permanente de la Colección propone un recorrido cronológico desde 1929 hasta nuestros días. En esta muestra puede apreciarse la tensión existente entre las diversas maneras de hacer arte, así como las distintas respuestas que los artistas han dado a cuestiones como las crisis económicas, la guerra, las tensiones coloniales, las luchas feministas o las disidencias sexuales.

Cualquier trabajo crítico relacionado con las colecciones de una institución pública debe situarse en el centro de la tensión entre la memoria y la amnesia, entre la construcción identitaria y su resistencia, porque una colección es más que una suma de objetos, de artefactos o de obras de arte. Y, sin duda, es mucho más que un listado de autores o artistas. Una colección se compone de los afectos e historias que construyen su identidad. Una colección, de manera inevitable, desempeña un papel fundamental en la configuración de los cánones de cada época.

Partiendo de estos parámetros y abordando la Colección como un dispositivo objeto de análisis crítico, el Departamento de Educación del MACBA trabaja desde la experimentación en el estudio de las posibilidades de construir relatos y memoria afectiva en torno a las obras de arte que componen la Colección. Si asumimos que la producción artística es una manifestación de una singularidad solo comprensible en relación con un contexto y un momento determinados, la propuesta educativa para el curso 2019-2020 se desplegará en torno a tres ejes. El primero investiga la Colección de manera transversal, como un espacio de construcción de relato. Para ello continuamos con el grupo de investigación en torno a la Colección integrado por profesores, educadores y artistas y dirigido por Julia Ramírez Blanco.

Este grupo, configurado en enero de 2018, se abre a nuevas incorporaciones para el próximo curso y reflexionará sobre el potencial para la experimentación pedagógica que ofrece una colección. En paralelo, se refuerza la oferta educativa con relación a la Colección MACBA para estudiantes de primaria con la participación de artistas en unas sesiones en las que la exposición se convierte en un taller para trabajar, desde las estrategias artísticas, aspectos vinculados a la experiencia de los niños. En estas actividades se potencia la autonomía del alumnado en la visita al museo y en su aproximación directa a la obra de arte. Y, por último, se incluye un recorrido para grupos de educación secundaria y bachillerato centrado en las prácticas artísticas y su respuesta a los distintos conflictos identitarios del siglo pasado que se extienden hasta nuestros días.

Si toda práctica educativa está atravesada por el cuerpo y es clave para la configuración de la experiencia, en el espacio del museo esto cobra aún más relevancia, pues una de las principales capacidades del arte es la de activar cuerpos y subjetividades a través de los sentidos. Por eso todo el trabajo educativo en el museo parte del deseo de despertar los cuerpos de la anestesia a la que nos somete el proyecto neoliberal con su abundancia de imágenes y estímulos. Por otro lado, también nos interesa pensar el cuerpo desde una perspectiva social: definido por una sexualidad, un género, una identidad, un origen y una clase. En definitiva, el cuerpo entendido como el elemento central de la maraña de convenciones que generan pautas de conducta y adscripciones concretas en el mundo. Aunque la consecuencia de la importancia del cuerpo impregna nuestro programa, son las prácticas más próximas a la performance las que nos permiten ahondar en la exploración de las limitaciones políticas de habitarlo. En este sentido, concebimos el museo como un lugar que moviliza los «otros» saberes, los que conectan con lo considerado «menor»: los saberes del cuerpo.

Este curso de trabajo específico con el cuerpo se centra en el espacio del propio museo y sus exposiciones como mundos contenedores de otros mundos. Las diversas actividades corren a cargo de artistas que, junto con los educadores del equipo del museo, han desarrollado las propuestas y dan continuidad a líneas de investigación iniciadas en cursos anteriores. Así, en el caso de la educación infantil se plantea una aproximación al museo como espacio contenedor del pensamiento artístico desde la narración y la performance. El fascinante trabajo de Charlotte Posenenske nos servirá en educación secundaria para explorar un trabajo con artistas, que se inició ya con Brossa y continuó con Jaume Plensa, en relación con los límites del museo, el volumen y su relación con la performance. Y, por último, se celebrará una segunda edición del taller Flatus vocis, en el que Laia Estruch parte de la voz propia para configurar paisajes sonoros que se dibujan al margen de toda noción de normalidad preestablecida.

El museo, como la escuela, a menudo ha actuado como institución reguladora de cierto orden, en respuesta a un supuesto acuerdo social en relación con la construcción y el consenso de normas. Así, mientras que la escuela ha promovido procesos de normalización y disciplina, el museo se ha encargado de configurar las reglas del gusto y ha construido el canon. El hecho no ya de desafiar las normas de comportamiento que imponen estas instituciones sino también, y sobre todo, de reflexionar sobre cuáles son los discursos de dominación que esconden, se ha convertido en una labor destacada e inagotable en las últimas décadas, abordada desde diversos frentes de pensamiento crítico y activismo. Nos proponemos generar procesos en los que puedan darse «pedagogías raras»: aquellas que cuestionan los roles establecidos y las identidades fijas y que exploran otras formas de relación de educadores y educandos con el saber, pero también entre sí. Y no solo desde la práctica reflexiva, sino también desde la actividad educativa.

Se trata, en definitiva, de activar una práctica situada que abra grietas en aquello que denominamos «realidad», pero que no es más que un telón pintado que responde a nuestra ideología naturalizada. En este sentido, y tal como afirma la artista Daniela Ortiz, urge pensar otras maneras de relacionarse con el saber, que atraviesen las relaciones de poder y las desigualdades esenciales y las visibilicen. Y así entenderemos la educación como una práctica de interrupción de la normalidad, como un espacio en el que se genera la disidencia y que, de alguna manera, rompe con la imaginación reguladora.

Uno de los grandes retos de este programa educativo consiste en romper las lógicas tradicionales inscritas en nuestros cuerpos y las subjetividades en relación con quién sabe y quién no, quién aprende y a quién le corresponde enseñar. Nos mueve el interés por distanciarnos de toda concepción que entienda la educación de manera rígida, como una disciplina basada en técnicas y modelos a imitar. En este sentido, creemos que la experiencia del arte puede ser muy liberadora por su enorme capacidad de activar el conjunto de los sentidos y, con ellos, la imaginación política. Nuestro trabajo educativo arraiga en una crítica al modelo de educación disciplinaria y se adentra en las posibilidades de la pedagogía como práctica de liberación. Se trata de una pedagogía experimental o, por invertir los términos, de una experimentación con la pedagogía que construye sujetos críticos y suscita nuevas formas de subjetividad política.

En paralelo, nos interesa incidir en la dimensión comunitaria y colectiva que subyace a cada acción educativa y entender la activación del pensamiento y la imaginación como procesos multidimensionales que escapan de la disyuntiva pensar/actuar y que siempre participan de un conjunto de situaciones, relaciones y acciones determinadas. Desde el museo queremos ahondar en esta capacidad de aprendizaje colectivo y crear un «estar con» los demás para cultivar el pensamiento crítico, sobre todo en un momento en el que al conocimiento se le otorga un valor meramente instrumental o se lo considera un peligro o un lujo improductivo.

Como parte de este proceso de liberar la pedagogía o activar una imaginación pedagógica liberadora, nos interesa cuestionar las categorías fijas en el ámbito educativo, así como la concepción del aprendizaje como acumulación de conocimiento y capacitación profesionales. Abordamos así la organización del saber en tanto que actividad política y desafiamos a un régimen que explica el mundo sin dejar espacio a la duda. En este sentido, POSTDATA. Correspondencias de artista en la escuela invita a los maestros a introducir un arte no domesticado en clase: cinco artistas envían propuestas de arte por correo postal a diversas escuelas, que incluyen acciones para llevar a cabo, objetos con los cuales se puede experimentar o instrucciones que deben cumplirse. Todos ellos generan situaciones fuera de la lógica escolar a partir de la sorpresa, el extrañamiento o la disrupción. Con esta práctica darán comienzo trabajos que, partiendo de la recuperación de saberes tradicionales, desafíen las lógicas del saber hegemónico y habiliten nuevos espacios para la convivencia.

Los procesos educativos no se generan de manera espontánea, sino que precisan complicidades e inquietudes compartidas. Por eso es necesario entablar relaciones de colaboración duraderas, flexibles y dirigidas a las comunidades y a los agentes cercanos al entorno del museo. Partiendo de esta premisa, el museo actúa menos como una entidad con una identidad fija y más como un espacio influido por las fuerzas que lo rodean.

La proximidad es un espacio idóneo para plantearse determinadas realidades: desde cuestiones migratorias hasta temas vinculados con la vivienda, el desplazamiento y la lucha por diversos derechos sociales, las relaciones laborales o la convivencia entre culturas. El hecho de trabajar en un microámbito nos permite detectar y explorar las cuestiones candentes del presente. Nos interesa trabajar «con» y «dentro» del barrio, buscando puntos de encuentro intergeneracionales desde los cuales podamos estar con otras personas y aprender juntos.

La apuesta de este año pretende reforzar el sentido de la pertenencia del museo al barrio y aborda el espacio público como un lugar donde se produce un aprendizaje continuo y donde se pueden analizar las subjetividades, cuerpos y voces que lo habitan. Aspiramos a concebir nuevos usos educativos para la plaza, el museo y la calle, para intervenirlos y transformarlos de manera colectiva. Y queremos reflexionar sobre el tiempo compartido, sobre el concepto de permeabilidad y sobre el museo como un espacio donde se pueden compartir procesos alejados del consumo y la productividad.

Continuaremos un año más con el proyecto Los niños y las niñas del barrio con la artista Cristina Fraser, un taller extraescolar dirigido a niños y niñas del Raval de entre 9 y 12 años pensado como un lugar de libertad que aspira a incluir experiencias plurales que no se circunscriban al espacio expositivo ni estén determinadas por el imperativo de la visibilidad. Un año más, el museo participa en el programa Apadrina tu equipamiento. Estos programas van acompañados de otras acciones que establecen relaciones con diversos colectivos de la zona, facilitan tanto el acceso a los espacios del museo como el uso de los mismos y generan actividades específicas.

Hola, mundo

Esta propuesta nace con el fin de prestar atención a un mundo que no se ha detenido, a pesar de cambiar radicalmente nuestro día a día durante un período de tiempo incierto. Con esta premisa, los cinco artistas que forman parte de la propuesta educativa Dibuja, copia y distribuye nos proponen estrategias de atención al modo en que nos comunicamos y nos relacionamos con nuestra cotidianidad actual. Esta serie de ejercicios sin instrucciones surge con la voluntad de dar continuidad a las experiencias educativas en el museo. 

¿Te atreves?

Lo que pretendo al contar la historia de una víctima de la violencia en Colombia es apelar al recuerdo del dolor que experimentamos todos los seres humanos, aquí o en cualquier parte del mundo.
Doris Salcedo