Conceptualismo y abyección. Hacia otras genealogías del arte conceptual
Actividad

Conceptualismo y abyección. Hacia otras genealogías del arte conceptual

Debate en el contexto de la colección Herbert

En su influyente ensayo sobre el arte conceptual «De la estética de la administración a la crítica de las instituciones», de 1989, Benjamin Buchloh describe de qué manera se convirtió el conceptualismo, tras su expiración, en una forma de inconsciente para toda la producción artística posterior a 1969. A partir del diagnóstico de que «el arte conceptual llevó a cabo la investigación más rigurosa del período de posguerra en torno a las convenciones de la representación pictórica y escultórica, así como una crítica fundamental de los paradigmas visuales tradicionales», Buchloh construye un relato histórico que culmina en un arte de información que reactiva los postulados de la vanguardia productivista de la revolución rusa, a la vez que pone en tela de juicio el papel de artista al redefinirlo burocráticamente como mero «empleado que cataloga». Este proceso histórico del arte conceptual se cierra con obras como el visitor's profile de Hans Haacke, una recopilación estadística de los rasgos de los visitantes a la exposición, y, de manera crucial, con el «museo en venta» de Marcel Broodthaers, que es asimismo una premonición del futuro inminente: la desaparición del espacio de la crítica museística en tanto institución central y legitimadora de la esfera pública burguesa y su transformación en manos de la nueva industria del entretenimiento de masas, cuyo síntoma es la reaparición espectral de los paradigmas pictóricos y escultóricos del pasado, que el conceptualismo había abolido. Sin embargo, el cierre histórico del conceptualismo no comporta por necesidad su desaparición, sino que implica su interiorización en las prácticas artísticas críticas que darán nacimiento a lo que hoy llamamos «crítica institucional», que por su parte surge de manera difusa tras la estela del arte conceptual como continuación relativa y ambivalente de la vanguardia radical en el contexto museístico, crecientemente mediatizado por las industrias culturales a partir de los años ochenta.

El relato histórico que hace Buchloh sobre el conceptualismo se ha convertido en una referencia canónica que este debate aspira a reconsiderar. De acuerdo con tal relato, el conceptualismo ha sido historizado y musealizado como una estética administrativa, burocrática, carente de plasticidad, árida y despersonalizada, que en cierto modo viene a culminar las modernas estéticas de vanguardia propias del arte de la posguerra. El debate intenta contrarrestar una visión teleológica de la modernidad, implícita en el vanguardismo, y trazar otras posibles genealogías del conceptualismo a partir de los géneros menores y de la cultura popular. Todo ello desde la perspectiva de que las rupturas de los sesenta implican la emergencia histórica de nuevos sujetos políticos, minoritarios o periféricos, que ponen en cuestión la universalidad del sujeto burgués liberal, teorizado por Habermas e implícito en el relato vanguardista de Buchloh. El debate, por tanto, se plantea interrogantes acerca de los aspectos heterodoxos, paródicos, humorísticos y grotescos que pueden identificarse en el conceptualismo histórico y su evolución.

Debate en el contexto de la colección Herbert

En su influyente ensayo sobre el arte conceptual «De la estética de la administración a la crítica de las instituciones», de 1989, Benjamin Buchloh describe de qué manera se convirtió el conceptualismo, tras su expiración, en una forma de inconsciente para toda la producción artística posterior a 1969. A partir del diagnóstico de que «el arte conceptual llevó a cabo la investigación más rigurosa del período de posguerra en torno a las convenciones de la representación pictórica y escultórica, así como una crítica fundamental de los paradigmas visuales tradicionales», Buchloh construye un relato histórico que culmina en un arte de información que reactiva los postulados de la vanguardia productivista de la revolución rusa, a la vez que pone en tela de juicio el papel de artista al redefinirlo burocráticamente como mero «empleado que cataloga». Este proceso histórico del arte conceptual se cierra con obras como el visitor’s profile de Hans Haacke, una recopilación estadística de los rasgos de los visitantes a la exposición, y, de manera crucial, con el «museo en venta» de Marcel Broodthaers, que es asimismo una premonición del futuro inminente: la desaparición del espacio de la crítica museística en tanto institución central y legitimadora de la esfera pública burguesa y su transformación en manos de la nueva industria del entretenimiento de masas, cuyo síntoma es la reaparición espectral de los paradigmas pictóricos y escultóricos del pasado, que el conceptualismo había abolido. Sin embargo, el cierre histórico del conceptualismo no comporta por necesidad su desaparición, sino que implica su interiorización en las prácticas artísticas críticas que darán nacimiento a lo que hoy llamamos «crítica institucional», que por su parte surge de manera difusa tras la estela del arte conceptual como continuación relativa y ambivalente de la vanguardia radical en el contexto museístico, crecientemente mediatizado por las industrias culturales a partir de los años ochenta.

El relato histórico que hace Buchloh sobre el conceptualismo se ha convertido en una referencia canónica que este debate aspira a reconsiderar. De acuerdo con tal relato, el conceptualismo ha sido historizado y musealizado como una estética administrativa, burocrática, carente de plasticidad, árida y despersonalizada, que en cierto modo viene a culminar las modernas estéticas de vanguardia propias del arte de la posguerra. El debate intenta contrarrestar una visión teleológica de la modernidad, implícita en el vanguardismo, y trazar otras posibles genealogías del conceptualismo a partir de los géneros menores y de la cultura popular. Todo ello desde la perspectiva de que las rupturas de los sesenta implican la emergencia histórica de nuevos sujetos políticos, minoritarios o periféricos, que ponen en cuestión la universalidad del sujeto burgués liberal, teorizado por Habermas e implícito en el relato vanguardista de Buchloh. El debate, por tanto, se plantea interrogantes acerca de los aspectos heterodoxos, paródicos, humorísticos y grotescos que pueden identificarse en el conceptualismo histórico y su evolución.

fechas
8 febrero 2006
precio
Auditori MACBA. Entrada libre. Aforo limitado. Con servicio de interpretación simultánea.
título
Conceptualismo y abyección. Hacia otras genealogías del arte conceptual
programa
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