«Cuando era niño soñaba con ser dibujante de cómics. […] Nunca ganaba los concursos de dibujo. Recuerdo que perdí contra un chico que dibujó un Spiderman perfecto.» Esto respondía Jean-Michel Basquiat en 1983, en una entrevista publicada en "Interview", la revista de Andy Warhol. Nacido en Nueva York en 1960, ciudad donde se gestaban las últimas tendencias de la escena artística internacional, Basquiat encontró en ella un escenario de excepción. Su madre lo llevaba a los museos y le transmitió sus primeras nociones de historia del arte. A los diecisiete años empezó a realizar en los muros de la ciudad sus provocadores grafitis, en los que estaba muy presente la crítica al racismo de la sociedad estadounidense. Una postura que nunca abandonó, ni en el arte urbano ni en su obra pictórica. Tampoco en sus autorretratos, como este de 1986, que reivindica su linaje afroamericano y en el aparece con una cabeza sobredimensionada que remite a los dibujos infantiles. Las capas de pintura superpuestas, los regueros, el trazo libre y las pinceladas en múltiples direcciones intensifican la imagen del cabello electrizado; los dientes son visibles, y los brazos se abren en cruz. Asimismo, la obra está marcada por la dualidad entre blanco y negro, luz y sombra, en un esfuerzo por alcanzar un equilibrio. En este sentido, Basquiat se sitúa entre dos mundos en conflicto, cuestionando las convenciones sobre el bien y el mal.
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La Fabra Centre d’Art Contemporani
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