Keith Haring estaba de visita en Barcelona, en febrero de 1989, cuando Montse Guillén –cocinera y artífice, junto a Antoni Miralda, de El Internacional Tapas Bar & Restaurant de Nueva York– lo convenció para realizar una intervención artística en las calles de la ciudad. Por aquel entonces Haring era una figura clave del arte urbano y el activismo. Se había dado a conocer a principios de los ochenta pintando los vagones y andenes del metro de Nueva York y formaba parte de una generación de artistas que utilizaban las calles y la cultura de masas para hacer llegar su arte y su crítica social al mayor número de personas posibles.
Para la acción en Barcelona, Haring escogió un muro inclinado de la plaza Salvador Seguí del barrio de El Raval, entonces conocido como Barrio Chino. Una zona especialmente afectada por el tráfico y el consumo de drogas.
Así, el lunes 27 de febrero de 1989, hacia las 12 del mediodía, Haring llegó a la plaza, le dio al play de su radiocasete, la música house empezó a sonar y él se lanzó a pintar. Cinco horas después el mural estaba acabado.
Dos serpientes rojas, que simbolizan la enfermedad del sida, comparten espacio con un animado colectivo de personajes que interactúan a su alrededor, plantándoles cara. “Todos juntos podemos parar el sida”, escribió Haring en castellano. Un “todos juntos” que nos recuerda el poder de la lucha colectiva. Y un mural que da visibilidad a una pandemia largamente estigmatizada, silenciada y mal gestionada. Los tres personajes centrales —que se tapan ojos, oídos y boca— ilustran la lacra de la negación. No en vano, “Silence = Death” [Silencio = a Muerte] fue uno de los eslóganes más conocidos de la lucha contra el sida en los años ochenta.
El muro en el que se hallaba la pintura se derribó en 1992. Pero, a fin de conservar la obra de Haring, se realizó un calco del trazo a tamaño real y se tomaron muestras del pigmento original. Esos materiales fueron depositados en el MACBA. Y, desde 2014, una reconstrucción del mural —ejecutada por el equipo de Conservación y Restauración del museo— ocupa el muro de hormigón que une la calle Ferlandina con la plaza de Joan Coromines.
Keith Haring falleció, a causa del sida, el 16 de febrero de 1990, justo un año después de haber realizado el mural de Barcelona.