«¡Mirad, mirad a fondo! Y dejaos llevar plenamente por todo aquello que hace resonar en vuestro interior lo que nos ofrece la mirada, como quien va a un concierto con vestido nuevo y el corazón expectante. (…) Aprendamos a mirar como quien va a un concierto. En la música hay formas sonoras compuestas en un trozo de tiempo. En la pintura, formas visuales compuestas en un trozo de espacio.» En 1967, Antoni Tàpies escribió este texto para una revista infantil y juvenil con esta dedicatoria: «A mis jóvenes amigos de Cavall Fort». En él, reafirmaba su gusto por la música, que consideraba un arte tan espiritual como la pintura. Mucho antes, en 1950, ya había pintado su "Canción espiritual". Realizada en sus años de "Dau al Set", en una época en la que practicaba un surrealismo ciertamente mágico, presenta pentagramas, escalas musicales y disonantes trompetas que configuran un paisaje musical. Y es que Tàpies sabía que el universo del sonido, además de ser el arte más complejo, supone un acceso directo al alma humana.
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