Rinzen es el título de esta instalación de Antoni Tàpies, una palabra japonesa que significa “despertar súbito” y que hace referencia al despertar de la conciencia y del conocimiento. Instalada en el museo en el año 1998 por el propio artista, su rica simbología y su contundencia visual la han convertido en una de las piezas que identifican el MACBA. Si bien Tàpies la compuso en diálogo con la arquitectura del edificio, antes había formado parte de una escenografía teatral y se había presentado en la Bienal de Venecia.
En 1989 esta monumental cama de hierro, inspirada en las de los antiguos hospitales, formó parte de la obra Johnny cogió su fusil, de Dalton Trumbo, que se presentó en el Mercat de les Flors de Barcelona. Cuatro años después, en 1993, el artista tomó elementos de esa escenografía para convertirlos en la instalación que presentó en el pabellón español de la Bienal de Venecia, donde se vivía muy cerca la guerra de la antigua Yugoslavia. La instalación fue premiada con el León de Oro de Pintura.
Cinco años más tarde, en 1998, Tàpies instaló la obra de forma permanente en el MACBA. La instalación fue adaptada a los espacios del museo, convirtiéndose en conector entre las distintas plantas del mismo, así como entre interior y exterior. En Rinzen confluyen objetos cotidianos, escultura, pintura y grafiti. Estructurada en tres partes, la primera es la gigantesca cama blanca de la que cuelgan mantas, somieres y cojines. Inserida verticalmente en uno de los muros de la entrada del museo, desprende una acusada sensación de malestar e inestabilidad. La cama, un elemento recurrente en la obra de Tàpies, remite no solo a la situación bélica que se vivía en Bosnia, sino también a la larga convalecencia que el artista vivió en su juventud a causa de una enfermedad pulmonar.
La segunda parte de la instalación es un conjunto pictórico situado frente a la cama colgante, formado por cuatro pinturas matéricas de Tàpies. En ellas leemos las palabras “Dissabte” (sábado en catalán) y “Sabat” (el día dedicado al descanso y a la oración en la tradición judía), además de símbolos recurrentes en la iconografía del artista como las cruces y las tijeras.
Por último, en la terraza del edificio hay diez sillas metálicas pintadas de blanco enlazadas por una estructura metálica ondulante, de color negro. Algo alejada del conjunto se encuentra una silla situada frente a un muro en el que el artista pintó unas gafas, en alusión a la visión y a la contemplación interior.
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