[DIG_A.HIS.07925_002 / Enregistrament sonor] Audiodescripción de la obra "Barcelona, Mural G-333"
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Son[i]a #384
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2:32
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© MACBA Museu d'Art Contemporani de Barcelona, © De les obres: Eduardo Chillida, VEGAP, Barcelona
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5.81 MB
format
MPEG
idioma
Castellà
tipus
Enregistrament sonor
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[DIG_A.HIS.07925_002 / Enregistrament sonor] Audiodescripción de la obra "Barcelona, Mural G-333"
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Castellà
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© MACBA Museu d'Art Contemporani de Barcelona, © De les obres: Eduardo Chillida, VEGAP, Barcelona
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Enregistrament sonor
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En 1998 el escultor vasco Eduardo Chillida recibe el encargo de realizar una intervención pública para el MACBA, que había abierto sus puertas tres años atrás. Chillida se desplaza a la zona y estudia sus particularidades. Detecta entonces que el espacio tiene un punto débil que entorpece la integración del edificio de Richard Meier con el resto del barrio. Se trata del muro de hormigón que separa la Plaça dels Àngels de la calle Joaquim Costa. Allí decide el artista que va a colocar su gran mural cerámico para que actúe como elemento de unión, como frontera permeable, como punto de fuga que nos invitará a posar la mirada.

Chillida realiza muchos dibujos preparatorios y envía a producir la pieza al taller de su amigo y habitual colaborador, el ceramista alemán Hans Spinner, que trabajaba en Grasse, en el sur de Francia. Utilizando la técnica de la cerámica oxidada, cuecen las placas de hormigón a 1.300 grados, luego las pintan con óxido de cobre y las vuelven a cocer a 1.120 grados. Este proceso de doble cocción les otorga a las láminas un color negro característico y le da al conjunto una textura a medio camino entre la escultura y el grabado.

El mural, compuesto por 416 piezas, gravita a tres metros del suelo y se alza con contundencia y elegancia jugando a la modulación entre lo lleno y lo vacío, entre lo negro y lo blanco, entre la abstracción y el grafismo.

Chillida siempre defendió la obra pública como estrategia para garantizar un arte al alcance de todos. Y trabajen integrar nte arantizar unarte añ alcance de todosencia y elegancia alternando ntonces un l espacio que estas crean en su inteó obstinadamente por integrar la escultura a su entorno. Así, esta pieza, su Barcelona, Mural G-333, forma ya parte intrínseca del paisaje del Raval y de la ciudad. Y desde 2014, comparte a su vez pared con otro mural emblemático de nuestro paisaje urbano: la reconstrucción de Todos juntos podemos parar el sida de Keith Haring, también perteneciente a la colección del MACBA.

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