Fondo de la colección

Ensalada Rusa . Gare d'Austerlitz 2

Fecha:
1977
Tipo obra:
Collage/ dibujo/ material gráfico
Medidas:
75,6 X 55,6 cm
Número Ejemplar:
Procedencia:
Col·lecció MACBA. Procedent del Fons d´art de la Generalitat de Catalunya
Registre núm:
599.2

Miralda comenzó a dibujar soldados durante el servicio militar, entre 1962 y 1966. Se trataba de dibujos de soldados en las posturas habituales: sentados, de pie, estirados, en posición de «firmes» o de «descanso». Los soldados blancos de plástico, Soldats-soldes, aparecieron en los Tableaux-tables que expuso y vendió en la Galerie Zunini de París en 1967. Aquel mismo año Pierre Restany organizó la exposición Superlund, en la que Miralda presentó unas mesas con los cajones medio abiertos cubiertas de soldados y, por primera vez, también con personajes civiles; su peculiar visión del juego de la guerra se iría extendiendo a muebles, escaparates y bancos públicos. En 1968 Miralda inició sus Essais d’amélioration, o «intentos de mejora»; así, las estatuas de las musas de la Pintura, la Escultura y la Arquitectura del Palais Galliera de París fueron «mejoradas» mediante ropas de Jouy y pequeños soldados blancos. Sería entonces cuando Miralda se dedicó a recorrer las calles de París cargando a sus espaldas un inmenso soldado blanco, acción filmada por Benet Rossell en la película La Cumparsita.
En este contexto cabe situar La cité du Loisir y Proyecto de monumento para un jardín (1969), en las que con sutil ironía Miralda reduce al absurdo la institución militar y el poder del Estado, expresando una actitud crítica que sintonizaba con los movimientos de protesta generalizados en toda Europa alrededor de 1968. Estas piezas se insertan en una línea de trabajo en la que, en un primer momento, el uso del objeto y de su acumulación denotan la influencia del nouveau réalisme que Miralda había descubierto en París; más tarde el artista se iría aproximando al nuevo realismo y acabaría por abandonar su trabajo escultórico a partir de 1969 para centrarse en la orquestación de desfiles, fiestas y ceremoniales con comida de colores, colaborando con Dorothée Selz, Jaume Xifra y Joan Rabascall.
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Para los antiguos yoruba, el universo era una serie de círculos concéntricos de poder en estado de continua expansión. Se cree que el poder del Todopoderoso Dios Olodumare mantiene estos anillos sagrados en el espacio eternamente. Todas las cosas encuentran su razón de ser en él y a través de él. Hay un número infinito de tales anillos de poder, y todas las cosas en la creación pueden ser categorizadas en función de su círculo de origen.
De entre los santos Orisha que se han considerado para esta exposición, cada uno de ellos ocupa un lugar determinado en órbita en torno a Dios. Junto al orisha que suele dominar este espacio, cada anillo de valencia está poblado con sus propias gentes, sus animales, sus árboles, sus frutas y vegetales, sus tierras y sus mares. Los orisha son lo que comen. Su comida ha capturado y conservado la esencia divina, que puede utilizar el hombre para hacer obra. Los antiguos alquimistas negros aprendieron, hace mucho tiempo, cómo dominar la fuerza divina y cósmica de la comida y las plantas.

Miralda, 1984.

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